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Y de remate… Noche de Tormentas

 

 

ldanielmendez@hotmail.com

Una gran tormenta azotó la ciudad por cerca de dos horas, y lo que al principio parecía ser una bendición -ante el insoportable calor del domingo y días pasados había convertido a Puerto Vallarta en un tremendo horno-, terminó por convertirse nuevamente en el gran problema de la ciudad, las inundaciones y deslaves. Las alarmas se encendieron y a nuestras mentes brincaron todos esos problemas que se viven en la ciudad cada tremenda lluvia como la del domingo; calles inundadas, arroyos crecidos, inundaciones en colonias y deslaves en zonas de alto riesgo. Las afectaciones, las mismas de cada ocasión, se han hecho trabajos de limpieza y prevención por parte del gobierno, no han sido suficientes. Y cada lluvia fuerte no sólo levanta ese olor a tierra mojada, también se huele a peligro, se huele a desesperación, mientras algunos disfrutan desde sus casas una fuerte lluvia, los mismo de siempre las siguen sufriendo, “Portales, historia sin fin” cabeceaba su portada Tribuna de la Bahía casi un mes atrás, y así es, cada que llueve se siente el miedo en las mismas colonias, en las mismas calles y en los mismo lugares de siempre, y todos los años cada que cae una lluvia como la del domingo vuelve a sentirse ese miedo de perder sus pertenencias.

Después de la tormenta llega la calma, menos para los que han sufrido las inundaciones y han perdido pertenencias ante ellas y que en esta ocasión otra vez no salieron bien librados. Para el gobierno municipal, después de la tormenta llegó el trabajo, y sí, se pusieron las pilas y salieron a las calles y a las zonas que ya se tienen identificadas a hacer una revisión y limpieza. Eso se agradece. Pero creo está a la vista, no es suficiente.

Muy lejos de aquí la tormenta era otra y para otros. En una repetida final Argentina se enfrentaba a Chile, sí, ese que regresó a nuestra selección con siete pepinos en la bolsa. Siete chiles para ser exactos. Argentina lucía como la gran favorita -otra vez- para ser campeón de América. Esta era la buena para el mejor jugador del mundo en estos momentos, Messi al fin podría lograr un campeonato para su país. Chile no lo pensaba de esa manera. Y mientras en Vallarta sufríamos los estragos de una tormenta, al mismo tiempo, Messi y Argentina sufrían la propia. La historia se repetía, penales. Quien mejor para cobrar el primer penal que el mejor del mundo. Messi toma el balón y le pesan los pies, no, no es el cansancio, es el saber que cargaba no sólo a la hinchada argentina, cargaba a todos aquellos que quieren verlo triunfar, y porque no, también a todos aquellos que quieren verlo fallar. La voló. Después de eso, ya no importa que alguien más haya fallado, simplemente al mejor del mundo no se le permiten las fallas. No en los partidos importantes.

La tormenta no terminó allí para Argentina, es más, dudo termine pronto, más cuando su estrella declara que dejará la selección ante los tremendos fracasos en las cuatro finales –tres de Copa América y una de Mundial-. Messi dice adiós a la selección.

Noche de tormentas. La de Vallarta todos los años es lo mismo. La de Argentina, la futbolera, todas las finales con Messi es lo mismo.

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