Tribuna de la Bahía

CPSMedia | VIERNES 26 DE ABRIL 2019 02 Síguenos en Facebook @Tribuna.PuertoVallarta.BadeBa Síguenos en Twitter @TribunadlaBahia Síguenos en You Tube @TribunadelaBahiaOnline Visítanos en www.tribunadelabahia.com.mx Tribuna de la Bahía OPINIÓN DE LA BAHÍA TRIBUNA SÍGUENOS: www.tribunadelabahia.com.mx TRIBUNA DE LA BAHÍA es una publicación diaria, fundada en Septiembre de 1989 y orgullosamente editada, impresa y distribuida por Compañía Perio- dística Sudcaliforniana S.A. de C.V. Oficinas: 21 de Marzo 1174, Col. Lomas de Coapinole, CP48290, Puerto Vallarta, Jalisco. Servicios informativos: Notimex, AFP y Agencia Reforma. Licitud de Título 5445 y de contenido 4216. Precio del ejemplar: $9.00. Contacto: (322) 226 0800 tribuna_redaccion@ yahoo.com.mx Está prohibida la reproducción total o parcial de los artículos, mismos que son responsabilidad exclusiva de sus autores. Directora: L.C.C. Noemi Zamora Reynoso Editor: Arnulfo Guzmán Jiménez Gerente de Circulación: Carlos Loera Robles C ada vez es más común distinguir entre el “círculo rojo” –las élites– y el “círculo verde” –las masas– en el análisis político. Esta geo- metría cromática no equivale al binomio burguesía-proletariado, pues tiene una connotación cultural más que económica: sirve para diferenciar las expectativas de la parte minoritaria y supues- tamente más influyente del electorado de las de la mayoría de los votantes. Pero la distinción debería trascender las estrategias electorales. La distancia que había entre el vértice y la base de la pirámide social se ha convertido en un abismo que propicia ingobernabilidad y que, en el caso mexicano y en muchos más, agudiza la crisis de la democracia, por lo que amerita una reflexiónmás amplia y profunda. No es sólo el divorcio que hay ahora entre sociedad política y sociedad civil; es la total desvinculación –y amenudo la contradicción– entre las ideas elitistas y las creenciasmasivas. Evitemos equívocos. No compro las recreaciones de la vieja tesis de Carlyle; sí vendo la noción de que la historia se teje en una interacción multifactorial de héroes individuales y colectividades anónimas. Y también pienso que tanto “los grandes hombres” como “las multitudes” son capaces de parir mons- truosidades. Es más, tengo para mí que los mejores inventos políticos son contraintuitivos: las normas del orden democrático y de los derechos humanos emanan de la racionalización, mientras que el ra- cismoy la xenofobiabrotanespontáneamentede los bajos instintos del ser humano. Por eso la longevidad de la armonía comunitaria depende en granmedida dedirigentes sensatos, prestos aneutralizar –no a ins- tigar– miedos y odios. Aún no hemos descifrado el fantasma anti establi- shment que recorre el mundo, pero ya sabemos que el enojo social no está siendo capitalizado por la iz- quierda, sino por la derecha. Aunque México es una excepción, Andrés Manuel López Obrador enfrenta la tentación de auspiciar una polarización racista inversa en sus causas pero similar en sus efectos a la que abanderan los presidentes derechistas de Es- tados Unidos y de Brasil. El detonador es el acto de contrición exigido a España por las atrocidades de la Conquista. Más allá del hecho de que yo no creo en herencias culposas y de que me parece aberrante e injusto responsabilizar a alguien de los crímenes de sus antepasados, en términos identitarios es cuestio- nable demandar una disculpa. ¿Cuál es el hilo conductor de lo que Benedict An- derson llama comunidad imaginada? ¿Representa Felipe VI a los conquistadores? ¿Y quién va a pedir perdón por el sojuzgamiento de los demás pueblos de Mesoamérica a manos de los mexicas? Y si la dis- culpa la ofreciera el rey al 15% de nuestra población, La fractura de México AGUSTÍN BASAVE ¿quién se la daría a los mestizos, víctimas también de los atropellosde laColonia? ¿Yno seríamejor desfacer los entuertos de españolesmás recientes, como los de OHL, y de paso enjuiciar a Peña Nieto y su gavilla? Pero dejémonos de abstracciones. ¿Cómo van a cerrar las heridas que según AMLO siguen abiertas? Demandar perdón abre un debate en el que como académico me gustaría participar pero que, guiado por los intereses de supartido –cuyo acrónimo, nopor casualidad, tiene ecos étnicos–, podría causarnos una nueva hemorragia. ¿Buscamos la cohesión social o la agudización de contradicciones? Quiero suponer que el video que provocó la controversia de marras no fue una cortina de humo, porque la humareda que se arrojó es tóxica. Y es que sólo los necios niegan el racismo mexicano –que por cierto es más parecido al sudafricano que al europeo, dado que aquí es una minoría la que dis- crimina a la mayoría– e ignoran que alentar rencores contra extraños enemigos podría hacer que los dis- criminados trocaran en discriminadores pero no aca- baría con la discriminación. Una sociedad saludable es daltónica; no distingue colores de piel ni admite la sandez de superioridades o inferioridades raciales. Un líder responsable lo entiende y no juega con fuego al hacer política. México haría bien en recordar que no fue el deseode ajuste de cuentas deWinnie, sino la voluntad de reconciliación de NelsonMandela la que cristalizó la transición de Sudáfrica. El problema está adentro, no afuera, y no se re- suelve con retórica oficial. Permítaseme citar un libro demi autoría: “Acontrapelodeuna educaciónpública formalmente indigenista e hispanófoba, y conmucha mayor efectividad, se difunden en nuestra sociedad paradigmas culturales y arquetipos estético-eróticos que denigran a la granmayoría de nuestra población. Los vehículos son losmedios electrónicos, particular- mente latelevisión… [S]esiguevendiendolamisma fór- mula: blancura es igual a belleza, inteligencia, riqueza y poder” (Mexicanidad y esquizofrenia, Océano, México, 2012, pp. 148-149). Prevalece en nuestro país la correlación etno-clasista que sistematizó en 1909 AndrésMolina Enríquez –quien sostenía que elmotor de la historia no es la lucha de clases, sino la lucha de razas– y para romperla hay que contrarrestar la des- igualdad con un nuevo modelo socioeconómico y combatir los prejuicios con buenas artes mediáticas. Si se recurre a la polarización electorera en torno a una revancha pigmentocrática y se confronta a la es- fera rojiblanca con la verdiMorena, perderáMéxico. Los estadistas tienen la responsabilidad histórica de mantener la paz y la integridad de su Estado. Y en el nuestro, donde el círculo rojo está muy verde y el círculo verde se pone cada día más rojo, la de AMLO empieza por evitar la fractura de una nación apenas centenaria.

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