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Una Inmensa Variedad de Grises

“Post Tenebras Lux” (“Después de las tinieblas, la luz”)

–Frase grabada en el Muro de los Reformadores, en Ginebra, Suiza.

 

Llevando la simplificación al máximo, podríamos decir que hay dos tipos de mexicanos: los mexicanos luminosos y los oscuros: el mexicano luminoso es aquel del cual todos tenemos referencia; es el tlatoani Cuauhtémoc y su gallardía indomable, es Sor Juana y su amor por el conocimiento; es Andrés Quintana Roo y su pasión por Leona Vicario y por la causa Insurgente; es Zapata, quien se negó a sentarse en la silla presidencial cuando entró con Pancho Villa a Palacio Nacional; es Cárdenas, Paz, Del Paso y tantos miles de mexicanos ilustres; pero no sólo son las figuras célebres; también es el héroe anónimo, el solidario, el amable, el educado, el considerado: el que se la juega por los demás. Para ejemplo, un botón: hace casi diez años, el viernes 18 de septiembre de 2009, don Esteban Cervantes Barrera, un hombre de 58 años, de oficio albañil, viajaba de regreso a su casa a bordo del Metro en la Ciudad de México, eran las 5:15 de la tarde cuando el convoy se detuvo en la estación Balderas; ahí, en el andén, otro hombre, digamos un mexicano oscuro, desenfundó una pistola y disparó contra un policía que lo reconvino por pintar un muro; cuando don Esteban se percató del problema, sin pensarlo dos veces se lanzó a tratar de calmar al agresor, de someterlo. El periódico La Jornada lo narra así: “Cervantes Barrera –quien viajaba en el vagón– al percatarse de la situación no se intimidó. Tras escuchar la detonación se fue sobre el homicida. Buscó someterlo y estuvo a punto de derribarlo. Sin embargo, la embestida no fue suficiente y Hernández Castillo mantuvo la vertical y el control del revólver.Cervantes Barrera no reculó y lo volvió a intentar. En por lo menos cinco ocasiones, el pasajero se levantó del suelo e insistió en el embate. Quien sí retrocedió fue el homicida, revólver en mano. Luego de largos 11 segundos, Hernández Castillo le disparó a la cabeza”. El asesinato quedó grabado en las cámaras de seguridad del Metro. Esteban Cervantes Barrera arriesgó –y ofrendó– su vida para proteger las de otros, exactamente como hacen los grandes héroes, sólo que por algunas particularidades de la vida, a algunos se les recuerda y a otros no.

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