Todos estamos enojados

Las dos primeras semanas del año han resultado una buena síntesis de lo que es previsible que sea el 2017.
Desde el primero de enero, el brutal incremento a los precios de los combustibles ha indignado a la sociedad. Lo que más molesta es el alto contenido de impuestos en el precio que paga directamente el consumidor. IEPS e IVA se llevan casi la mitad del costo de las gasolinas, y como se sabe, este dinero se incorpora al gasto público, al presupuesto federal, lo que causa un malestar general dado que el gobierno no ha dado muestras de eficiencia en la inversión de los recursos que recibe.
La demanda más recurrente es la disminución en el costo de la gasolina, en la famosa “reversa al gasolinazo”. Quizás lo más indicado, aunque no accesible para el consumo de la población en general, es demandar la disminución o eliminación de los impuestos en el componente del precio de la gasolina.
Simplemente reducir el costo de los carburantes tendría efectos poco notorios para el consumidor, por eso lo relevante es reducir el monto del impuesto. Le pongo un ejemplo: por cada litro de gasolina Magna que a usted le cuesta 16.40 pesos en Jalisco, se le están trasladando 4.30 pesos del IEPS. Entonces comprenderá que al bajar el IEPS sí se reduce sustancialmente el precio final del combustible. El problema del costo de la gasolina no es el “costo real” del inflamable, sino la carga fiscal que debe soportar. De ahí que no funcione el discurso oficial que culpa a los incrementos internacionales el aumento del combustible.

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