Tecla 7/6 / Para que haya luz en la terrible noche

 

David Rojo

Hoy, la figura espiritual de la esperanza y de la fe, pisará suelo mexicano.

Francisco, el Papa, inicia este viernes un peregrinar por México: sus días de estadía y sus bendiciones quien sabe sin embargo si alcancen a convertirse en manto de consuelo, ante tantas víctimas y tanto hartazgo social por impunidad y violencia.

Tantas almas acongojadas por vidas desaparecidas o brutalmente arrebatadas, tantas manos para persignarse, tantas voces por la tranquilidad perdida, tano llanto y tanta impotencia, no serán tocadas por las manos santas. Francisco, el Papa, no tendrá tanto tiempo para ver tantas heridas.

A las víctimas la oración, a los criminales la impunidad.

No estará Francisco, el Papa, en Ayotzinapa ni en Tierra Blanca, ni en San Fernando, ni en Aguas Blancas.

De los miles que se verán entre miles, habrá otros miles que no estarán: los secuestrados o “desaparecidos”, los asesinados.

Por los ausentes el rezo y a familiares y amigos la esperanza de días mejores.

Es de preguntarse quién se irá al infierno cuando la vida terrenal se ha convertido en infierno mismo.

–¿Cuántas plegarias, cuánto mea culpa, cuántos aves marías y cuántos sollozos no se darán cuando Francisco, el Papa, recorra cada lugar de la agenda establecida para durante su estadía en México? ¿Y cuándo se vaya cuántas cosas habrán cambiado?

En los días de Francisco, el Papa, la gente seguirá buscando a su gente, la justicia seguirá siendo arrinconada por la impunidad y la corrupción.

En los días de Francisco, el Papa, habrá corazones alegres. Pero mas de uno seguirá en el desconsuelo.

A Francisco, el Papa, le van a cantar, le van hacer de comer, sin tequila ni picante, le van a obsequiar su moneda de plata. Y sí va a provocar lágrimas de emoción y de fe.

La cuestión es qué va a decir cuando esté aquí: qué conciencias va a sacudir. Y qué corrección de rumbo podría alimentar al país con lo que diga, recomiende u oriente, por que no hay mas esperanza que la sonrisa construida por la vida que se lleva, no por la vida que se maldice cuando todo se aplasta y la noche no tiene para cuando terminar.

En la desesperanza no es que falte el consuelo, sino que hace crisis el hartazgo.

En la desesperanza no es que falte el consuelo, sino que se entierra como espada que hace sangrar y sangrar la impotencia misma.

Cuando todos recen y extiendan sus manos al Señor y oren y hagan cadenas humanas por Francisco, el Papa, la paz implorada no vendrá, lamentablemente, si no llega la justicia.

Por tanto que ha pasado, y como ha pasado, como reza el titular principal de la edición de este viernes de Tribuna, para Francisco, el Papa, dar consuelo va a estar difícil.

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