Tecla 6/7 Disparos desde la impunidad

 

 

De aquella sala de redacción, hace años, cada cual tomó caminos diferentes. Los compas Gusalacha y Jaime Acosta, felizmente, el primero terminó sus estudios de médico y se fue, el segundo se casó con una prestigiosa académica de la profesión, y también se iría.

   Otros se adelantarían, con el hasta luego infinito del nos volveremos a encontrar llevándose su sonrisa de sol, como la de Arturo Carretero, de las plumas sagradas de la crónica deportiva en el país, y de quien ser su amigo era un privilegio, y era un distingo tener su atención –“ya David, no hagas enojar a Elías”, el Director, me orientaba–.

   Recuerdos de aquella época en los que este tundeteclas solía bailar arriba del escritorio que ocupaba en El Sol del Centro (OEM, Córdoba), hasta que llegaba el “Tiburón”, ¿se acuerdan de aquel jefe empresarial de Capulina? Y se acababa la fiesta con todo “y preciosa”, “o “precisa”, recriminaba, que pudiera llevar de principal a Justa, la Jefa de Redacción.

    Que me disculpe quien era el Jefe de Información, sus órdenes de trabajo quedaban muy lejos de lo que uno producía. No estábamos en la línea institucional, jóvenes al fin, al igual que el compadre cámara en mano Jorge Coria, Carretero nos animaba.

   En una jornada de tantas que uno no estaba –prefería el reportaje y me alejaba a trabajar a las zonas montañosas durante el día de descanso–, que el Director quiso hacerle a la democracia, por lo que la Jefatura de Información se decidiría por votación. El Director  llevaba su propuesta, y como este tundeteclas no estaba, la votación entraría en automático, pero no faltó el del desorden quien solicitaría que fuera incluido mi nombre y se hicieran las votaciones. El Tiburón tuvo que apechugar. Y con todo que el Director votó por su preferido, y el preferido votó por si mismo, quedaríamos empatados. Con lo del empate, en mi ausencia y sin mi propio voto, para el Director era mucho, así que entonces le haría al Salomón, pasó a la decisión democráticamente impuesta. Y, zaz, se acabó,. El preferido era impuesto. La anécdota, a mi regreso de las montañas, con el reportaje que se encontraba la Roya del Cafeto cerca de Córdoba –bueno, en la selvas de Los Tuxtlas lo que me haría ausentarme por mas de un día, ante la propia desesperación de Justa– cobraría mas de un brindis en una larga noche de brindis y de Chiquitita y Delirio. Ya antes me había posicionado de una cabina de radio FM y ponía y ponía Chiquitita (de Abba) una y otra vez. Así estaban las cosas por Geny. Por supuesto que volvería a bailar sobre el escritorio con Caballo Viejo, Rubén Blades, Willy Colón, Periódico de ayer…

   De esa sala de redacción, como la mayoría, también, un día, llegaría alejarse Ricardo Monluí, quien se especializaría en temas cañeros, y llegaría a ser incluso jefe de prensa de la Unión Nacional de Productores de Caña de Azúcar. Ayer lo asesinaron. Salía de un restaurant, luego de desayunar junto con su familia en un lugar conocido como Yanga, a escasos kilómetros de Córdoba. El homicidio es el primero de un periodista que se registra en el mini mandato de Miguel Ángel Yunes Linares, aún cuando ya Veracruz ocupa mayores indicadores de violencia que cualquier frente de guerra para quienes ejercen el periodismo.

   De 122 periodistas asesinados en el país desde el 2000, en Veracruz se han perpetrado 20 homicidios. Todos los casos lamentables y no menos condenables en medio de la mas completa impunidad.

    A estas alturas las instituciones creadas para la atención de agresiones al periodismo, no sólo dejan mucho que desear, sino que son agravio por su incompetencia.

   Cuando Javier Duarte, hoy prófugo, llegó a declarar como gobernador priista que era, que en Veracruz la violencia sólo alcanzaba para robar Frutsis, su desparpajo y cinismo político, no fue causa para que alguna institución –de la que le cuestan a los ciudadanos—lo parara en seco. La línea de cruces de los periodistas asesinados se habían extendido durante tal mandato oscuro, y no hubo contrapeso alguno, con poderes legislativos convertidos en caricatura, que enfrentara la descomposición del poder y sus consecuencias.

    Hoy, Yunes persigue a Duarte. Pero no le da tranquilidad a los veracruzanos. Ayer mismo, aparte del asesinato de Monluí, se supo de cinco policías y tres civiles masacrados en una comunidad veracruzana.

   La prensa de provincia se encuentra en la primera línea de fuego de la violencia. El Mañana de Nuevo Laredo resiste, con mas cuerpo que de carne y hueso, los embates de la delincuencia, Vanguardia de Saltillo es arremetido con toda la arbitrariedad policial del gobernador Moreira, uno de los ejecutivos radiofónicos de Aguascalientes, y en cuyo grupo editorial se encuentra El Hidrocálido, alerta sobre lo que le pueda pasar con su vida, en Puebla se difunde que hay precio por la cabeza de los periodistas que reporten sobre el saqueo a los ductos. La lista se va extendiendo y vuelve a pasar por Veracruz. Antier mismo, con un día negro más, con el homicidio del periodista Ricardo Monluí.

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