Tecla 6/7 Las cicatrices que quedan

El corazón se estruja.

El día se anochece. Cuando al corazón se le lastima, sin respuestas, el dolor hace crisis en la impotencia.

El desahogo no mitiga el sufrir.

Las vidas se arrebatan, el destino se manchilla.

Ayer,  uno de los tres poderes que rigen la vida institucional del país, la Cámara de Diputados, era alcanzado por la brutal violencia.

Fue desgarradora la impotencia y dolor de la legisladora federal, cuando en plena sesión en San Lázaro, le llegaba la noticia de que su hija había sido asesinada.

A cualquiera, de cualquier estrato social, se le rompe el corazón con cualquier vida arrancada por las balas. Y hace crecer el hartazgo social por el desplazamiento de bandas criminales que no pueden ser contendidas aún con todo el poder del estado.

Fue un jueves negro.

Al asesinato de la hija de una diputada federal (en Veracruz), la Bolsa de Valores se cruzó con su peor caída en los últimos siete años, el dólar se fue a 20.45 pesos y en el sector bancario se sucedieron pérdidas de miles de millones de pesos ante la postura morenista de retirar los cobros de las comisiones de los bancos.

Esto, a menos de un mes del relevo sexenal.

Los días que están pasando, queman.

No puede haber un vacío tan largo de poder: el que se está yendo, el que está entrando. ¿Quién se hace responsable de qué? Desde el uno de julio hasta el uno de diciembre.

Uno con sus va de reto, el otro con sus omisiones.

No puede haber mas jornadas como las de ayer.

Lastiman las vidas que se pierden ante un sistema institucional doblado por la impunidad, ofende que nuestra moneda cada vez valga un carajo.

Se cruza mas de un sentimiento, todo siempre por el pueblo, con un pueblo –en contraste– víctima cada vez mas de la violencia que no deja de escalar y con una economía de hogar que le lleva a sacrificar el no consumo de medicinas, alimentos, a vivir en medio de los arroyos, víctima de políticas públicas fallidas, presa de mercados especulativos y dejado a la deriva por discursos oficiales que en los hechos no le dan ese bienestar dado bajo promesa.

Fue de impotencia ver las imágenes del dolor en el rostro de la madre legisladora cuando le llegó la lamentable noticia. Y es frustrante no saber para cuándo el peso tendrá certeza de recuperación y no de hundimiento.

Un jueves para el olvido. Pero con las cicatrices de la herida que queda.

El llanto en pleno recinto legislativo por la hija asesinada de la diputada federal veracruzana, nos dan cuenta permanente del agravio de la impunidad y de una reforma penal, en el colmo, que mas favorece en los hechos a criminales para portar armas –como delito no grave—que para dar certeza de justicia.

Baja California Sur sabe lo que es lidiar con los hechos de alto impacto. Y sabe de los costos de la simulación por el asentamiento y desplazamiento de bandas criminales, cuyo proceso se dio en varios años, hasta emerger como crisis en el periodo 2015-2017.

Sabe de Baja California Sur del costo a la tranquilidad amenazada, hasta llegar al punto de la vil descalificación que “Los Cabos era la ciudad mas violenta del mundo”, cuando sabemos que Los Cabos no es ciudad. Y que por supuesto en el 2018 cayeron los indicadores de los delitos de alto impacto.

Es posible que ese sea uno de los principales mensajes, de mañana, de Carlos Mendoza Davis al rendir el III Informe de Gobierno, los resultados mismos por la seguridad. De su palabra empeñada por la tranquilidad.

Pero que con los dramáticos momentos vividos ayer en el seno del Poder Legislativo, en San Lázaro, por los sucesos de sangre en un gimnasio de veracruzano en el que se cobró la vida de una joven, se nos hace sentir una vez con otra que, en efecto, lo que se dice, ya se está hasta madre de tanta impunidad.

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