Reflexiones cotidianas Los hombres del alba

En su poema, Los hombres del alba, el poeta Efraín Huerta hace una desgarradora fotografía de aquellos hombres anónimos, los que, dice, tienen un perro enloquecido en vez de corazón, o una simple manzana luminosa o un frasco con saliva y alcohol… los bandidos con barba crecida y el bendito cinismo endurecido.

Sí, esos hombres que han perdido la brújula y para ganarse la vida, quitan otra por un reloj, un teléfono, unos cuantos pesos que sólo les calmará el hambre mientras se escurre la noche. Otros más arrebatan la vida por encargo a cambio de un puñado de pesos, cinco o diez mil pesos, no más. En eso cotizan los testaferros de la muerte la vida de un inocente o un cristiano que se pasó de la raya.

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