Reflexiones cotidianas Los encantos del mar

Es un privilegio vivir junto al mar, sino junto cuando menos cerca. Más felices han de ser los que viven pegados al mar. Aunque no se crea, algunas personas afortunadas se cansan de escuchar los latidos del mar, a veces no pueden dormir cuando el oleaje es muy alto o en época de tempestades. ¿Acaso será el ruido que provoca el viento o los rugidos de ese mar embravecido cuando la luna lo tienta? No, creo que más bien son los fantasmas que rondan en su pecho.

Algunos turistas no soportan el ruido de las olas o el cantar de los grillos y los sapos. En un hotel del sur, un amigo me contó que algunos huéspedes pedían que le bajaran al sonido de las olas o de los grillos; pobres ilusos,  pensaban que todo era artificial.

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