Reflexiones cotidianas Los asesinos de la alegría

Son pocos los momentos en que la gente puede lograr la alegría o permanecer en ese estado. La mayor parte su mente está ocupada por los pendientes del día, las angustias, pesares, miedos, fobias, rencores, tristezas, pesadillas y melodramas. Alguien está matando la alegría. ¿Quién?
Vine a mi memoria ese espléndido y profundo poema de Efraín Huerta, titulado Declaración de odio.
“¡Los días en la ciudad! Los días pesadísimos como una cabeza cercenada con los ojos abiertos. Estos días como frutas podridas. Días enturbiados por salvajes mentiras. Días incendiarios en que padecen las curiosas estatuas y los monumentos son más estériles que nunca. Larga, larga con sus albas como vírgenes hipócritas. Con sus minutos como niños dormidos. Con sus bochornosos actos de vieja díscola y aparatosa, con sus callejuelas donde mueren extenuados, al fin, los roncos embocados y los asesinos de la alegría.”

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