Reflexiones cotidianas La Madre, mi divina madre

 

Mi madre fue una fuente de inspiración. Siempre preocupada por sus hijos, velaba porque no nos faltara nada. Y si algún hermano se enfermaba ahí estaba, al pie de la cama, pendiente de todo, a veces orando o dando consuelo. Antes de darnos permiso para Salir a jugar béisbol con los amigos, primero nos exigía que hiciéramos las tareas académicas. En ese tiempo, por fortuna para nosotros no había televisión, ni teléfonos, Smartphone ni computadoras. Todo lo hacíamos a mano, en los primeros años usando el ábaco para sumar, o bien haciendo sumas, restas, multiplicaciones y divisiones en las libretas.

En esos primeros años de primaria, los maestros nos pedían que nos aprendiéramos de memoria los nombres de todos los países del mundo con todo y sus capitales. O bien los nombres de las montañas y sus altitudes, o los ríos y sus extensiones. Mi madre era mi soporte para comprobar mi aprendizaje de memoria de todos esos datos. Aquel alumno que no se aprendiera la tarea no salía a recreo. En el salón sólo salíamos tres: una compañera, otro compañero y yo. A veces nos aburríamos en el recreo porque no teníamos con quien jugar.

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