Reflexiones cotidianas Cómo edificar un nuevo destino

 

 

 

 

Hace como dos décadas no sabía quién era, ni cuál era mi propósito de vida, mi destino. En un diplomado sobre Alta dirección el maestro,  que había sido franciscano, no dio un texto de trabajo y en la portada venía este enunciado: “Cuando el hombre sabe dónde va, la providencia le abre el paso. Recuerda, tú eres el arquitecto de propia vida” ese enunciado caló profundamente en mi mente, abrió mi necesidad de buscar ese propósito de vida, de comprender cuál era mi misión al venir con este cuerpo físico a esta nueva existencia. No sabía nada del karma ni de la rueda del Samsara, mucho menos la existencia de otras realidades o dimensiones en las cuales todos nos movemos.

Era como una máquina humana que me dejaba llevar por la corriente de la vida, por los valores y las tendencias sociales y morales de la sociedad, todo lo hacía mecánicamente y pensaba que era mi destino hacer lo que tenía que hacer sin cuestionarlo. Cuando inicié el estudio y práctica del yoga, el maestro nos decía: no somos humanos que hemos venido a vivir experiencias humanas; somos espíritus que venimos a vivir experiencias humanas y hemos venido a vivir muchas vidas y las seguiremos viviendo sino comprendemos cuál es nuestro propósito, nuestra misión.

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