Reflexiones cotidianas De sueños y otros cuentos II

Antes de partir el águila me dijo que cuando fuera a dormir o tuviese pesadillas que le invocara y ella acudiría en mi ayuda. Esa noche me fui a dormir plácidamente, ya no sentía miedo a las serpientes. Pronto caí en un profundo sueno. Y me fui internando por un mundo de luces radiantes colores, con líneas o rayos multicolores que vibraban con el sonido de una música ancestral. De pronto me vi rodeado por miles de serpientes. Eran millones, parecía un norme mar o cerros de serpientes, con caras de payasos y dragones. Estos me agredían, insultaban y provocaban. También se burlaban de mí gritando palabras obscenas y bromas de mal gusto.

-Éntrale, no que muy, muy. Anda idiota, ven si te crees mucho. Eres menos que una cucaracha. Sólo eres un montón de miedo, un payaso… estas y otras frases más prosaicas y degradantes me pusieron a prueba. Fue un impacto terrible y al principio el pánico se apoderó de mí. Empecé a respirar profundo y a invocar al Águila dorada. Sentí  ganas de vomitar y dos enanos con bolsas en las manos bailaban a su alrededor diciéndome: –“vomita, vomita”. Sin embargo, seguí respirando y atemperando el miedo y  enojo por las burlas que me hacían esos demonios. De entre las miles de serpientes surgió el líder de legión. Un ser con cara de sol negro y le gritó:

Mira aquí tengo tu espíritu, te tengo atrapado.

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