Reflexiones cotidianas A los tatas

“El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza”. André Maurois (1885-1967). Escritor francés.

 

Llegar a la etapa de ser abuelo puede ser pesado, complicado para algunos o muy feliz para otros. Ser abuelo es ver cómo se reproduce nuestra especie, cómo retoñan las semillas que sembramos en el camino. Los nietos son retoños de nuestros retoños y algunos de ellos son tan parecidos física o emocionalmente a cuando lo fuimos durante la niñez.

Por un lado, cuando se tiene el primer nieto uno se alegra por la felicidad que genera en nuestros hijos, por ver cómo estos, los nietos, cuando van creciendo sienten afinidad o simpatía por el abuelo o la abuela. Cuando fui pequeño sentía más simpatía por mi abuela paterna que por la materna. La primera nos cuidaba, nos consentía, nos ponía a rezar todas las noches antes de dormir. La segunda era más alejada, más seria y cuando llamaba a uno de sus nietos, de tantos que éramos nombraba a tres o cinco antes de atinarle al que realmente quería llamar su atención.

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