Qué Bueno

“El día alzó la bandera azul y los sonidos de la vida despertaron estremeciéndose: un grito, una risa, el canto descarado de un pájaro al sol y las temblorosas historias de amor de las palomas”.

–Gregory David Roberts.

 

Qué bueno que se sigue honrando la memoria de los jóvenes, hombres, mujeres y hasta niños, que perdieron la vida el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. Aunque a algunos les fastidie. Qué bueno que chavos de Vallarta, estudiantes de generaciones posteriores, lejos de aquellos en distancia y tiempo, les ofrenden una llama de solidaridad a 50 años de su martirio. Qué bueno que se reavive el debate sobre borrar de la historia el nombre del abominable Gustavo Díaz Ordaz. En lo personal la memoria del ignorante poblano debe ser suprimida sin miramientos de la faz de la Tierra; pero habrá quienes se opongan y están en su derecho. “Es que hizo mucho por Vallarta”, aducen, muchos, de buena fe. Sí, pero era su obligación. Es como el meme que dice que cuando agradecemos a un político que trabaje, es como si aplaudiéramos al cajero automático por despachar nuestro dinero.

Sin duda sería motivo de orgullo que nuestros visitantes desembarcaran en el Aeropuerto Internacional Octavio Paz de Puerto Vallarta, y no en el GDO, así nos uniríamos al selecto grupo de ciudades que nombran sus aeropuertos como sus grandes artistas, como el Aeropuerto Internacional Leonardo Da Vinci, de Roma; el aeropuerto Pablo Picasso, de Málaga; el Antonio Carlos Jobim, de Río de Janeiro; el Aeropuerto Internacional John Lennon, de Liverpool; el Aeropuerto Louis Armstrong, de Nueva Orleans; El Wolfgang Amadeus Mozart, de Salzburgo, Austria; el Giuseppe Verdi de Parma, Italia, el Federico Chopin, de Varsovia, Polonia, el José Martí, de la Habana o el Federico García Lorca, de Granada, España.

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