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PREVENCIÓN ANTE TODO “Mitos y realidades del suicidio”

PUEBLA, PUE. 16 de noviembre de 2015. Distintas estadísticas suscriben que la tasa de suicidios se incrementa con la llegada de las festividades decembrinas. En la imagen la dramatización de un suicidio. //Agencia Enfoque//

Hoy recibo la noticia de la muerte de una persona que conocía desde mi etapa de secundaria, por desgracia cometió suicidio y tratando de asimilar el hecho, que mejor manera de hacerlo que escribir al respecto de este tema, el suicidio a lo largo de los años dentro de nuestra sociedad ha sido un tema tabú, el suicidio ha sido estigmatizado y se le ha puesto encima una carga errónea.

El suicidio es un problema bio-psico-socio-cultural y un grave problema de salud pública.

Se ha escrito o hablado mucho respecto al suicidio, sin embargo aún dentro de la sociedad existen infinidad de creencias erróneas al respecto he aquí unos ejemplos de esto:

  • “La gente que habla de suicidarse nunca lo hace”. No es cierto, aproximadamente el 75 % de los que se suicidan lo habían intentado con anterioridad, y de cada 10 personas que lo hicieron, 9 dieron aviso de lo que ocurriría o habían hablado de ello.
  • “El suicidio se comete sin previo aviso”. No es verdad, la persona da muchas señales verbales y extraverbales de sus propósitos.
  • “El paciente que se repone de una crisis suicida no tiene peligro de recaer”. No es cierto, pues casi el 50 % de los que atravesaron dicha crisis, llevaron a vías de hecho el suicidio dentro de los primeros tres meses siguientes, cuando todo parecía pensar que el mayor peligro había transcurrido.
  • “Todo el que se suicida está deprimido”. Aunque todo deprimido es un suicida potencial, no todo el que lo lleva a efecto lo es, pues puede ser un individuo con un trastorno de personalidad, alcohólico, etcétera.
  • “El suicidio se hereda”. No es cierto, éste no se hereda, lo que puede suceder es que se herede la predisposición a padecer determinadas enfermedades en las que éste puede ocurrir (esquizofrenia, trastornos afectivos) o que se imite dicho comportamiento anormal.
  • “Hablando con un individuo con riesgo suicida sobre el tema, se puede hacer que lo lleve a cabo”. No es verdad, ya que se ha comprobado que esto reduce el riesgo, y es la primera posibilidad, quizás irrepetible, de iniciar su prevención.
  • “El suicidio no puede ser prevenido, pues ocurre por impulso”. No es cierto; en 1949, E. Ringel examinó 745 casos de intentos suicidas con el objetivo de determinar su estado psíquico previo al acto y describió el síndrome presuicidal, que aunque no forma parte de ninguna enfermedad psiquiátrica, es un común denominador de todos los trastornos psíquicos, y la persona en crisis lo es. Dicho síndrome presuicidal está conformado por constricción de sentimientos e intelecto, inhibición de la agresión y fantasías suicidas, las cuales se refuerzan entre sí. La detección de estos síntomas puede evitar la autodestrucción.
  • “Sólo los psiquiatras pueden prevenir el suicidio”. No es verdad, en párrafos precedentes recalcamos que cualquier persona puede ayudar a la prevención del mismo.

En la medida que logremos erradicar esas creencias erróneas nos volveremos una sociedad empática y lograremos ver más allá se lo que a simple vista una persona con ideación suicida nos dice con palabras o actitudes.

La ideación suicida abarca un amplio campo de pensamiento que puede adquirir las siguientes formas de presentación:

  • El deseo de morir (“La vida no merece la pena vivirla”, “Yo lo que debiera es morirme”, etcétera).
  • La representación suicida (“Me he imaginado que me ahorcaba”).
  • La idea de autodestrucción sin planeamiento de la acción (“Me voy a matar”, y al preguntarle cómo lo va a llevar a efecto, responde: “No sé cómo, pero lo voy a hacer”).
  • La idea suicida con un plan indeterminado o inespecífico aún (“Me voy a matar de cualquier forma, con pastillas, tirándome delante de un carro, quemándome”).
  • La idea suicida con una adecuada planificación (“He pensado ahorcarme en el baño, mientras mi esposa duerma”). Se le conoce también como plan suicida. Sumamente grave.

Por lo general, existen ciertos signos o señales que pueden alertarnos de que una persona está contemplando quitarse la vida. He aquí algunas de ellas:

  • Persistente tristeza que no puede ser explicada. La persona afectada se encuentra casi siempre a punto de llorar pero no llega a expresar su emoción mediante este acto.
  • Alteraciones en la autoestima, caracterizadas principalmente por estados depresivos en el que el individuo tiene una percepción negativa de sí mismo.
  • Trastornos en el comportamiento habitual, como perturbaciones en el sueño y en la alimentación. De igual forma, la persona se halla incapaz o le resulta muy costoso realizar simples tareas cotidianas y de socializar con los demás. Se suele producir un aislamiento de su familia y amigos que hace que sea más difícil para ellos percibir estos síntomas.

  • Consumo de drogas como un escape de la realidad, como una forma de olvidar el dolor constante que se está experimentando.

Aunque es importante recordar que cada persona es diferente, los signos y señales podrían ser diferentes.

¿Cómo ayudar a alguien que piensa en el suicidio?

El primer paso es abrir una línea de diálogo con la persona que alberga pensamientos suicidas. Es importante tener la predisposición a escuchar, sin juzgar sus acciones o pensamientos. Uno de los caminos más importantes para conseguir esto pasa por trasmitir a la persona que entendemos sus emociones y que estas son lógicas con el momento en el que se encuentra. Es importante que la persona conserve el apoyo social a pesar de que se empeñe en aislarse.

Otra recomendación muy importante es que jamás hay que desafiar a la persona que está contemplando quitarse la vida, porque esto solo exacerbaría el deseo de hacerlo. Que una persona ya haya dicho que se iba a suicidar y no lo haya hecho no significa que no tenga valor para hacerlo y que no lo vaya a hacer. Si la retamos o no la creemos, le daremos una razón más para hacerlo.

Por supuesto, buscar ayuda profesional es esencial, pues psiquiatras y psicólogos pueden proveer ese apoyo que la persona con tendencias suicidas necesita urgentemente para afrontar sus problemas.

La prevención es una de las soluciones.

Lic. Marisol Madero Plascencia

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