“PREMIO NACIONAL DE LA JUVENTUD”

Examinar la transición demográfica en México es plantear la evolución y transformación de las variables del cambio demográfico en todo el territorio nacional, pues aunque no siempre fue así, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), uno de los mayores bonos poblacionales en este territorio se encuentra entre el grupo etario de 12 a 29 años.

 

La cifra de los 38.6 millones de jóvenes que hay en México, que permanecerá hasta 2020, va acompañada de éxitos, reveses y paradojas, pues si bien se ha realizado un esfuerzo sostenido para dar respuesta a las necesidades y aspiraciones de este sector, el reto para que cada joven tenga una mejor calidad de vida aún implica un mayor esfuerzo por parte del Gobierno.

 

Para cumplir dicho reto, se necesita del trabajo transversal de toda la Administración Pública Federal (APF) y de la colaboración y acompañamiento de las Instancias Estatales de Juventud (IEJ), pero aún más, se requiere del talento, la energía y, sobre todo, la fuerza del sector joven, quienes con sus contribuciones han coadyuvado en gran medida a construir un mejor México.

 

Es por ello que se cuenta con el “Premio Nacional de la Juventud”, el máximo reconocimiento que otorga el Gobierno a estos jóvenes que por su conducta o dedicación al trabajo o al estudio, causan admiración entre sus contemporáneos y son considerados como ejemplo estimulante para desarrollar motivos de superación personal y de progreso a la comunidad.

 

Dicho premio, en cada una de sus distinciones, se fundamenta en una medalla de oro, 150 mil pesos en Contratos de Comisión Mercantil y Depósito de Títulos en Custodia y Administración (CODES), y un diploma firmado por el presidente de los Estados Unidos Mexicanos en el que se expresan las razones por las que se otorga, ya sea de manera individual o en grupo.

 

Consta de dos categorías: A) 12 a 17 años y B) 18 a 29 años; y se otorga en 10 distinciones: logro académico, expresiones artísticas y artes populares, compromiso social, protección al ambiente, fortalecimiento a la cultura indígena, ingenio emprendedor, derechos humanos, discapacidad e integración, aportación a la cultura política, y ciencia y tecnología.

 

A excepción de 1988 y 1992, este galardón se ha otorgado año con año desde 1975, cumpliendo así con 40 ediciones y más de 400 reconocimientos con las cuales, el Gobierno ha registrado y celebrado el talento de cerca de 1,500 jóvenes que en lo individual o colectivo, han sido un ejemplo constante para inspirar a la construcción de un México más próspero.

 

Tan sólo en esta 40° edición, se recibieron un total de 1,711 candidaturas en las dos categorías y diez distinciones del premio, de las cuales, 823 resultaron procedentes: 122 fueron recibidas en la categoría “A” y 701 en la categoría “B”. De ese total de postulaciones, el pasado siete de noviembre se premiaron 20, de las cuales 18 fueron individuales y dos para colectivos.

 

Uno de estos galardonados es Ricardo Pablo Pedro, un joven Originario del estado de Morelos que es egresado de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y que actualmente estudia el Doctorado en Química en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), con la fi­nalidad de contribuir al desarrollo económico de nuestro país.

 

A pesar de las condiciones socioeconómicas de su familia, logró salir adelante con sus estudios, destacándose principalmente en el entorno cientí­fico, área por la cual mostró interés desde temprana edad y que lo llevó a obtener una beca de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), donde se desempeñó como asistente de investigación en diferentes proyectos.

 

Durante su estancia, se centró en el estudio de nano materiales para lograr la producción de microchips y transistores más pequeños de los que son empleados actualmente en la industria electrónica, lo que lo llevó a destacarse también como autor de artículos de investigación, los cuales han sido publicados en revistas como la Royal Society of Chemistry Advances.

 

Otro ejemplo es Carolina Santos Segundo, una joven originaria del Estado de México que comenzó su labor como defensora de los derechos humanos cuando por usos y costumbres se le prohibió estudiar la secundaria, cuestión que la motivo a seguir sus sueños y ser Licenciada en Comunicación Intercultural por la Universidad Intercultural del Estado de México (UIEM).

 

Hoy, es estudiante de la Maestría en Humanidades con enfoque de investigación en Ética de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y es una asesora del Diplomado “Cultura y lengua mazahua”, que se imparte a maestros de educación secundaria de la universidad en la que se tituló como licenciada, donde brinda información y aspectos de la cultura mazahua.

 

Durante tres años fue voluntaria de World Vision México, donde tuvo la responsabilidad de realizar talleres para adolescentes y jóvenes en temáticas como violencia intrafamiliar, migración, deserción escolar y plan de vida y actualmente busca empoderar a las mujeres para el ejercicio de sus derechos humanos por lo que realiza actividades como voluntaria.

 

Historias como estas se escriben a diario en nuestro país, lleno de jóvenes entusiastas, soñadores, dedicados y que quieren hacer la diferencia con su talento aplicado a proyectos que impacten a su comunidad, que inspiren a otros a hacer un cambio, a mover a México, y eso es lo que el Gobierno de la República reconoce mediante el “”Premio Nacional de la Juventud”.

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