Pensamientos dichos… en voz alta “El buen fin, la fiesta de la sociedad de consumo”

Vivimos en un mundo de apariencias, en el que hay que demostrar para poder ser, luchamos por lograr diluir, de manera simulada, la distancia económica tan dispar en que hemos caído, o más bien, en el que nos han arrojado, al que nos ha empujado esa relación perversa entre un sistema político corrupto, grupos empresariales sin hartazón económica y un sector de la población conformista que con migajas le han amordazado sus ideas.

La idea de demostrar un nivel o status económico importante se ha detonado gracias al aumento en el uso de las redes sociales, en donde las personas exponen, en una actitud confesional, su vida entera, sus alegrías, tristezas, riquezas, pobrezas, delirios, traumas, en fin, todo, desatando con ello un modelo de consumo implacable que hace que las personas, con ese afán demostrativo, abarroten las tiendas de moda para adquirir el producto de moda.

La malicia capitalista incita a las sociedades de consumo a desatar su espíritu consumidor y así generar toda una campaña de inauguración de la temporada navideña, en donde, lejos de promover un tiempo de meditación, de regeneración de valores y de unión familiar, promueve las compras, el consumo, el endeudamiento a largo plazo, generan una idea en la que, depende lo que damos o cuanto damos es el amor y el cariño que demostramos a las personas, este momento se llama el buen fin.

Las quejas diarias vertidas en pláticas, en opiniones, en entrevistas, sobre la carestía en la que vivimos se contrapone con la enorme marejada de personas que durante cuatro días abarrotan las tiendas en busca de promociones, de ofertas que nos hagan sentir bien, un día nos avocamos a despotricar contra el alza en los precios de la luz, el gas, la gasolina, los productos básicos, el transporte y otro día  estamos buscando en todos lados, créditos que nos permitan consumir productos sofisticados, y a veces inútiles, que nos hagan sentir en un nivel socio económico importante.

Y este apenas es el inicio, en unos días más se desatarála fiebre de ventas nocturnas, de días de ofertas, la mayoría de las empresas buscaran seducirnos, querrán llevarnos por un mundo mágico en donde podemos acceder a todo sin que en ese momento nos cueste nada, nos iluminaran el camino a la felicidad y la mayoría de las personas caminaran esa ruta sin entender que la felicidad no está determinada por la gratificación de los deseos ni por la apropiación y el control que aseguren un estado de confort, sino más bien por un aumento permanente en el volumen y la intensidad de nuestros deseos, lo que produce, en nosotros, una fila cada vez más interminable de productos creados para el desecho y la sustitución.

Nos hemos convertido en una sociedad infeliz, insatisfecha que queremos subsanar esas deficiencias con cosas, y más aún, con objetosefímeros, cuya vida es momentánea, a veces en su utilidad y otras en su tiempo de moda, no estamos viendo ni previendo que esta conducta consumista y de apariencia tiene daños colaterales, por ejemplo, un nuevo planteamiento de la pobreza, la excusión y la criminalidad.

El aumento tan grave que vivimos de la criminalidad no es un problema de descuido o de mal funcionamiento de la sociedad o gubernamental, sino un subproducto generado por la misma sociedad de consumo, la cual provoca que sea cada vez se más grande la brecha entre aquellos que desean y son capaces de satisfacer sus deseos y los que han sido seducidos, pero son incapaces de actuar de la manera en que quisieran actuar.

La época en que se disparan las compras no es solo esta, también lo hacemos en tiempos de entrada a clases de nuestros hijos, donde la interminable lista de necesidades concluye cuando nuestro poder de compra se ve aniquilado, pero eso lo vemos como un gasto, nos duele invertir o endeudarnos en la educación de nuestros hijos e incluso en la superación personal, los tiempos de las compras inútiles es esta, los tiempos en que tenemos un pretexto para adquirir productos que satisfagan nuestra más reciente necesidad es hoy, porque no puede llegar la navidad sin que tengamos una selfi en nuestras redes sociales demostrando al mundo que pudimos acceder a lo que no tan comúnmente se accede, haciendo validad la máxima de “dime cuanto consumes y te diré cuanto vales”.

La sociedad de consumo ve sus fiestas patronales en eventos como el buen fin, como las ventas nocturnas o cualquier otro esquema de negocio que proporcione la facilidad adquirir productos que sabemos no duraran, unas fiestas prohibidas para el 60% de la población quienes al abrir sus carteras y sin poder lograr créditos se estrellan contra los altos muros de la realidad.

En la actualidad, algo tan sencillo como la vida la hemos convertido en algo muy complejo, es imposible no rememorar tiempos pasados, tiempos en que era más fácil vivir la vida, jugar en la calle, mojarse con la lluvia, que una caja de cartón vieja fuera nuestra nave espacial y sobre todo platicar con los amigos, así de frente; las nuevas formas de vida de que la sociedad actual ha asumido nos han distanciado de todo esto, hoy requerimos de las redes sociales y de la consumición de objetos para sentirse bien, las pláticas entre personas se hacen con un aparto “inteligente” de por medio, no nos damos cuenta que la tecnología ,el dinero y el consumo han unificado a un mundo moderno que expulsa a más gente que la que integra.

El buen fin entre otros esquemas de venta masiva nos han empujado a vivir en un mundo ficticio alejado de la realidad social en la que estamos parados, una sociedad abrumada por la necesidad, donde la mayoría de la gente no tiene dinero que alcance para satisfacer sus necesidades básicas, la gente llega a los centros comerciales y adquiere lo que ajusta no lo que necesita, hurga en sus bolsillos por un peso más y así lograr alcanzar alimentar a su familia, un buen fin para todos seria uno en el que las bondades del mundo de consumo estén al alcance de todos, absolutamente de todos, pero claro estos son solo pensamientos dichos… en voz alta.

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