Fascistas en el Covián
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16 / 01 / 2013
Fascistas en el Covián

México, DF.- En la primavera de 2010 Juan Iván Peña Neder y Carlos Villar Erives, ex funcionario de la Función Pública, así como Rafael Mendoza y uno de sus amigos de nombre Juan Ramón, fundaron la organización clandestina “México Despierta”. En el ideario de su sociedad estaba la negación del Holocausto judío, la supremacía aria, la esterilización de los indígenas y la toma del poder para implantar el nacional socialismo de Adolfo Hitler, de acuerdo con algunos ex integrantes.

Peña Neder fue Coordinador de Asesores de Abraham González, subsecretario de Gobernación en la administración pasada, y en el momento en el que creó la organización estaba dedicado a trabajar para el grupo que controlaba el Casino Royale, incendiado en agosto de 2011 por “Los Zetas”. Los fundadores tenían un origen común, pues son nativos de la ciudad de Chihuahua y, de acuerdo con uno de sus distribuidores de propaganda, presumían haber sido reclutados en una organización nacional socialista en su estado, a la edad de 15 años.

Pese a su admiración por Hitler, los filo fascistas renunciaron al uso de la suástica porque consideraron que estaba socialmente satanizada y decidieron adoptar la cruz celta como seña de identidad, dentro de un círculo blanco en banderas rojas. El grupo nació como enemigo de la masonería, con ideas antisemitas y de defenestración de los indígenas, con la convicción de que el mestizaje era el origen de los problemas en el País, pero paradójicamente tenían una vertiente “mexicanista” que reivindicaba la “raza de bronce” de la que hablaba José Vasconcelos y tenía contactos con militantes sinarquistas, cuentan ex seguidores.

“Los fundadores del movimiento, principalmente Peña Neder, despreciaban perversamente a cualquier expresión indígena; los consideraban humanos de raza inferior y causantes de los problemas socio-económicos de México, creían que el proceso de mestizaje en México culminaría cuando la raza aria fuera preponderante en nuestro país; para ellos había que evitar la ‘reproducción’ de los indígenas.  “No obstante que consideraban a los indígenas y a casi cualquier persona morena como inferiores, Mendoza, Peña y Juan Ramón, aceptaban que la mayor parte de las filas del movimiento eran personas de esta etnia”, relata.

Personas que militaron en “México despierta” exhibieron a REFORMA uniformes, banderas, literatura, folletos, audios y videos propagandísticos con los que adoctrinaban a los nuevos adeptos.  “El plan que tenía Peña (Neder) era adquirir una hacienda en Hidalgo o Morelos para fundar una ‘Escuela de Formación’ e internarlos desde niños; para ello, fue contactado un sacerdote nazi de Hidalgo que serviría de rector de la escuela.

“Juan Iván Peña aseguraba que el gobernador de Chihuahua, César Duarte, lo nombraría Secretario de Gobierno y que en ese cargo se iba a destapar como nazi, para encabezar una revolución pacífica y buscar el poder, y al mismo tiempo reunir a 200 jóvenes en menos de dos años y hacerlos marchar uniformados en el Zócalo, para escandalizar a la opinión pública”, cuenta una persona cercana a Peña.

Los sueños del chihuahuense fueron truncados, pues al calor del escándalo del incendio del Casino Royale y la muerte de 52 inocentes, el 8 de septiembre de 2011 Peña fue detenido y luego encarcelado en un penal de máxima seguridad en Matamoros, sujeto a un juicio por la presunta violación tumultuaria de su ex cónyuge Talía Vázquez.

 

Ritos en la Anzures

“Esta es el águila de Occidente que ahora te impongo, guárdala con tu vida”, le decían a cada nuevo miembro que era aceptado por “México Despierta”, en la ceremonia de iniciación donde recibía un brazalete y un broche con la forma del ave.

“Rafael Mendoza era quien por lo regular les tomaba juramento y cuando un nuevo miembro juraba fidelidad y secrecía, sonaba cuatro veces una campana”, rememora uno de los entrevistados.  En la Colonia Anzures, la agrupación rentó un departamento para llevar a cabo sus reuniones secretas, en las cuales sus participantes debían seguir una orden del día y toda una liturgia donde el primer requisito era ir uniformado.

“Se guardaba una bandera para montar un altar en cada una de las reuniones, se le llamaba ‘el altar a la patria’. La mesa central se cubría totalmente por un mantel rojo, en el centro se colocaba, extendida también, una bandera del movimiento. En tres esquinas de la mesa se colocaban banderas de mesa, pues en la última y siempre la derecha posterior, se colocaba la bandera de México”, dice una de las personas que conoció las ceremonias.  Colocadas las banderas, los adeptos cantaban el himno “Cara al Sol” de la falange española, luego gritaban tres veces ¡Viva México! y al final un ¡Heil Hitler!, siempre con un saludo de brazo en alto.

Enseguida, alguien tomaba la palabra para dar lectura de algunas páginas de “Mi Lucha”, de Adolfo Hitler; “El Espíritu de la Revolución Fascista”, de Benito Mussolini y pensamientos de José Antonio Primo de Rivera, fundador del partido de la Falange Española. Otra de las lecturas obligadas era la obra del mexicano Salvador Borrego Escalante, simpatizante de la Alemania nazi y autor de textos como “América peligra” y “Derrota mundial”, este último prologado por José Vasconcelos.

Luego uno de los participantes rendía un informe de las actividades que llevó a cabo el grupo durante la última semana; enseguida tomaba la palabra Rafael Mendoza y luego Peña Neder. La reunión terminaba con el canto, otra vez, de “Cara al Sol”, los gritos de ¡Viva México! y ¡Heil Hitler! con el saludo de brazo en alto.

Quienes participaron en estas reuniones y hablaron con REFORMA relatan que debían acudir con un uniforme negro, consistente en una camisola tipo militar y pantalón de vestir, zapatos o botas negras y un cincho de cuero cruzado al pecho.nTambién debían portar un brazalete rojo con la cruz celta en el centro, emulando a los oficiales nazis, y en la parte izquierda del pecho llevaban un broche dorado con la forma de un águila imperial, parecida a la de Agustín de Iturbide, aunque decían que estaba inspirada en la de Napoleón Bonaparte.

Vecinos del edificio pensaban que en el departamento, despacho de Peña Neder y su entonces esposa Talía Vázquez, había una empresa de seguridad privada, pues veían entrar a unas 8 personas con indumentaria militar negra. “Alguna vez que estaba la puerta entre abierta vi unas sillas y por eso creía que era una oficina donde se daba capacitación para seguridad privada”, dijo un vecino.

 

Códigos

El grupo que lideraba Peña Neder, según cuentan dos ex seguidores, tenía varios códigos de reconocimiento.

Cuando sus integrantes tenían un encuentro “secreto” o estaban seguros de que no serían vistos por nadie, se reconocían con el saludo llamado “brazo en alto” de los fascistas italianos, luego adoptado por los nazis.  De forma indistinta también usaban el “saludo de salón”, explicado por uno de los ex miembros de “México Despierta” como aquel donde levantaban la mano derecha a la altura de la cara, mostrando la palma.

Ambos saludos eran la antesala de un apretón de manos “romano”, que consiste en sujetar el antebrazo del otro, casi al llegar al codo. “Si se estaba en algún lugar público se saludaba sólo con el saludo de antebrazo. Al momento de utilizar cualquiera de los dos saludos, brazo en alto o el de salón, se debía decir enérgicamente ‘¡Viva México!’, pero emulando el (tono del) ¡Heil Hitler! alemán. Asimismo en ese instante se debían chocar los talones”, cuenta una de las fuentes.

En la organización había grados que se hacían patentes con las insignias, pues a una persona recién reclutada no le era permitido usar el broche del águila imperial, hasta que cumpliera con su rito de iniciación frente al altar patrio donde juraban lealtad.

 

Reclutas en la Juárez

En el 2010, cuando Ricardo Acosta era presidente del Comité de Vigilancia de un edificio en la Colonia Juárez, un grupo de personas llegaron a rentar un local en la planta baja donde, dijeron, iban a abrir una librería. Cuando los nuevos inquilinos se instalaron en el lugar, muy cerca de la Secretaría de Gobernación, tanto los locatarios como los vecinos se percataron que nunca abrieron la cortina metálica y rara la vez dejaban la puerta abierta. Cuando lo hicieron, comenzaron sus problemas.

“Abrían una vez a la semana de las 7:00 a las 10:00 u 11:00 de la noche, pero no abrían la cortina, abrían sólo (la puerta) un poquito. Un día que se les inundó sí lo abrieron porque todos los libros que tenían estaban flotando, pero fue cuando me di cuenta que todo el local, todo, estaba con insignias nazis.

“En ese entonces yo era presidente del Comité de Vigilancia del edificio y lo platiqué con los vecinos y le dijimos al administrador que lo viera... afortunadamente se fueron, los pudo sacar el administrador que tenemos”, dijo Acosta en entrevista. En este lugar se conformó un círculo de lectura y discusión, principalmente con jóvenes, y unos ex militares de un grupo de pentatlón que fueron contratados para hablar de historia de México.

Todos los domingos también se proyectaban algunas películas como “La revisión del holocausto para principiantes” y “La guerra del Fürer”, que contiene la grabación de los noticieros radiofónicos de la Alemania nazi.

Pero también desde aquí se organizaron unas brigadas que los fines de semana repartían volantes afuera de la Catedral Metropolitana.

 

 

El delirio

Sus ex seguidores dicen que Peña Neder se tomaba en serio la toma del poder, pues invirtió dinero para conformar su agrupación, rentar inmuebles, comprar literatura en Europa y, según un allegado, reeditar textos de Salvador Borrego.

Pero uno de los ex miembros de “México Despierta” cuenta que los fundadores tenían una contradicción esencial: creían en la supremacía de la raza aria, pero la gente que reclutaban no eran caucásicos. Peña, dice, en más de una ocasión se expresó en favor de una política de esterilizar o impedir la reproducción a los indígenas y repoblar el país con migrantes europeos de origen “celta”. Su compañero Carlos Villar Erives, recuerda, era un defensor de la pureza de raza.

La salida a su incoherencia fue adoptar un sentido “mexicanista” en la que retomaron ideas como la “raza de bronce” que enaltecía José Vasconcelos y que no era otra cosa que el resultado de la fusión de todas las razas.

“Existían algunas contradicciones en este intento mexicanista, que más bien servía para atraer más adeptos. Pero se despreciaba todo aquello que tuviera que ver con el pueblo judío, se decía que al igual que los indígenas, eran causantes de los problemas de México, incluso se les llegó a asociar con el satanismo y se repudiaba todo lo ‘masón’.


 

  Agencia Reforma

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