De política y cosas peores
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10 / 07 / 2012
De política y cosas peores

Graco Ramírez
 

Al regresar de su luna de miel la recién casada les dijo muy desilusionada a sus amigas: “Era cierto lo que decía la mamá de Meñico: tiene cosas de niño”... Don Geroncio, señor de edad madura, iba en su coche con Pirulina, muchacha pizpireta. En un apartado paraje el coche se detuvo. “Lástima -suspiró don Geroncio-. Se me acabó el combustible”. Pirulina supuso que don Geroncio estaba usando el viejo truco, y que en seguida intentaría algo con ella. Pero el senescente caballero se cruzó de brazos. Pasaron 15 minutos, y el señor seguía igual. Le preguntó Pirulina con insinuante voz: “¿Por qué no hace algo, don Geroncio?”. Suspiró el veterano: “Te lo dije antes, linda: ya se me acabó el combustible”... Cicaterio, el avaro más ruin de la comarca, estaba sacando a la calle la mesa de la cocina y dos sillas. “¿Por qué haces eso?” -le preguntó un vecino. Responde Cicaterio: “Le prometí a mi señora que hoy cenaríamos fuera”... Aquel muchacho estaba muy contento. Les dijo con alegría a sus amigos: “¡Ya le cambió la voz a mi novia!”. Ellos se extrañaron: “¿Cómo que le cambió la voz?”. “Sí, -explica el galancete con una gran sonrisa-. Antes siempre decía: ‘No, no y no’. Finalmente anoche dijo sí”... ¡Clap, clap, clap, clap, clap, clap, clap! ¿A quién tributas ese aplauso, columnista, y dado además con las dos manos --lo noté-, quizá para mayor efecto? Lo envío a los ciudadanos de Morelos, por el acierto que tuvieron al elegir a Graco Ramírez como su próximo gobernador. Hombre de auténtica izquierda, luchador de buenas causas, Graco no es extremista ni dado a los radicalismos. Su trayectoria hace pensar que hará un buen gobierno, y que verá por el bien de sus conciudadanos. Practica un izquierdismo liberal, moderno, abierto al diálogo y con énfasis en lo democrático. En su señora esposa los morelenses tendrán una Primera Dama de calidad extraordinaria. Al llegar al cargo de gobernador Graco Ramírez cumple una vocación de vida. Tengo la certidumbre de que pondrá lo mejor de sí mismo, de su talento y de sus convicciones sociales y políticas, al servicio de la comunidad que siempre aspiró a gobernar. Su experiencia lo pone en aptitud de atender los problemas de Morelos, especialmente el relacionado con la seguridad de que deben gozar sus habitantes. Empieza una nueva etapa en la vida de ese hermoso Estado y de su bella capital. Enhorabuena. Doña Jodoncia decidió que en las vacaciones ella y su esposo harían un viaje trasatlántico en un barco de carga, por barato, y así se lo comunicó a don Martiriano. Además invitó a su mamá, doña Arpiana. Sucedió por desgracia que en alta mar la suegra sufrió un síncope fatal, y en unas cuantas horas pasó a mejor vida. Como no había dónde conservar el cuerpo, la tripulación lo puso en un saco a fin de darle sepultura en el océano, y metieron en él carbón de piedra del que se usaba en el barco, para que el cuerpo se hundiera. Don Martiriano observó todo aquello, especialmente lo del carbón. Comentó muy pensativo: “Siempre supe a dónde se iba a ir doña Arpiana cuando muriera, pero nunca imaginé que tendría que llevar su propio combustible’’... Acneo, muchacho en pleno crecimiento, le preguntó a su papá: “¿Qué amor es más complicado, padre: el de los adultos o el de los adolescentes?’’. Contesta el señor: “El de los adultos, desde luego’’. “No lo creo -dice el muchacho-. ¿Alguna vez te ha tocado, siendo adulto, que besas a una chica en el cine y tus frenos dentales se quedan trabados en los de ella?’’... Llegó Empédocles Etílez a la cantina, y pidió un martini seco. El barman se lo sirvió, con su aceituna. Empédocles lo bebió de un solo trago, puso de lado la aceituna y pidió otro. Y otro. Y otro. Y otro. El cantinero, que lo conocía bien, le dice preocupado: “¿No serán muchos martinis, señor?’’. “Todavía faltan -responde Empédocles-. Mi mujer me encargo medio kilo de aceitunas’’... Un soldado le pidió permiso a su superior de ir a su casa, porque su esposa iba a tener un bebé. El oficial, con gusto, dio su autorización. Tres días después volvió el soldado. Le pregunta con una sonrisa el superior: “¿Fue niño o niña?”. Responde el recién llegado: “Lo sabremos dentro de nueve meses, señor”... FIN. 
 

Mirador

Armando Fuentes Aguirre

El padre Soárez charlaba con el Cristo de su iglesia.

-Señor -le preguntó-: ¿por qué hay ateos que no creen en ti?

-Realmente no lo sé -le contestó el Señor-. Y te diré que eso me desconcierta mucho, porque yo sí creo en ellos.

Volvió a preguntar el padre Soárez:

-¿Y por qué hay muchos que se dicen cristianos y no te aman?

-Tampoco lo sé -confesó Jesús-. Pero eso no me importa: yo sí los amo a ellos.

-Señor -dijo con emoción el padre Soárez-. Yo creo en tí, y te amo.

-Lo sé bien -sonrió el padre Soárez-. Y eso tiene mucho mérito, tomando en cuenta que eres cura. Tú sabes: con el ejercicio de la profesión se va acabando el entusiasmo.

Entonces el padre Soárez sonrió también.

¡Hasta mañana!...

 Catón

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