Votan egipcios por el menos malo
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17 / 06 / 2012
Votan egipcios por el menos malo

 

Votan egipcios por el menos malo
 
Staff
Agencia Reforma
EL CAIRO, Egipto 16-Jun .- Los egipcios hicieron fila el sábado para elegir a su nuevo líder en las primeras elecciones presidenciales libres de su historia, enfrentándose a una difícil decisión entre los conservadores islamistas y un ex funcionario militar que fue Primer Ministro con el depuesto Hosni Mubarak.
En algunos centros de votación, que abrieron a las 8:00 horas, se formaron filas temprano en la primera de las dos jornadas que durará esta segunda fase de la elección. Los resultados podrían conocerse el domingo por la noche.
Todavía no son las nueve de la mañana y el calor ya es asfixiante en El Cairo. Omneya Amer, cubierta de sudor, hace cola para votar al menos malo de los candidatos en la segunda vuelta de la elección presidencial egipcia.
Vestida con un velo blanco y gris y los ojos cubiertos con unas gafas de sol, esta profesora de 42 años explica que dará su voto al candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, porque no soporta la idea de votar a Ahmad Shafiq, el último Primer Ministro del ex Presidente Hosni Mubarak.
"Votamos por Mursi porque no queremos votar por Shafiq", dice ella recogiéndose el sudor de la frente y mirando con frustración la larga fila de mujeres que esperan delante de ella.
"Todos votamos a Mursi por los mismos motivos; es el menos malo. No porque queramos a Mursi, sino porque odiamos a Shafiq. Quiere restaurar el viejo régimen podrido, y me opongo por completo", añade.
Cerca de ella, una mujer con una cruz al cuello dice: "No todos hacemos lo mismo. Para mí, Mursi y los Hermanos Musulmanes son los peores. Yo voto a Shafiq", explica la señora, quien prefirió no dar su nombre.
Tras esperar al sol frente a este colegio electoral reservado a las mujeres en el barrio de Manial, en El Cairo, todas se alivian al llegar al interior, en cuya pared luce la tapa de un diario del día siguiente a la caída de Hosni Mubarak en febrero de 2011.
En la fila, una monja avanza para depositar su papeleta en la urna tras haberla plegado cuidadosamente. Detrás de ella, una mujer con niqab levanta el velo que cubre su cara para que la jueza encargada de la oficina la identifique.
La jueza se ríe de una electora que se lo piensa dos veces antes de mojar su dedo en la tinta. 
"Usted ha esperado todo este tiempo al sol y ahora ese poquito de tinta le da miedo", le dice sonriente.
Una vez fuera, Nesrine al Abd, vestida con un pantalón de mezclilla apretado y grandes lentes de moda, reconoce que para ella fue un poco extraño votar en esta ocasión.
"Estoy un poco confusa en cuanto a los candidatos, pero tenemos que elegir, así que he optado por Mursi, porque siento que Shafiq ha aceptado todas las cosas que se hicieron antes de la revolución", explica.
"Nadie elige al candidato que le gusta; elegimos a aquel con el que podemos vivir. Para mí es Mursi, pero mis padres han votado a Shafiq. No lo quieren, pero tienen miedo de los Hermanos Musulmanes", añade.
Otra electora, Nancy Abdel Moneim, cuenta que tiene sentimientos encontrados. Mientras ajusta nerviosamente su velo, cuenta: "Estoy con la revolución, así que he votado a Mursi. Pero sinceramente me dan miedo los dos, así que he elegido al que menos miedo me da".
Aún recuperándose del fallo judicial que hace dos días disolvió el nuevo Parlamento dominado por los Hermanos Musulmanes, muchos se cuestionan si los militares que hace un año hicieron a un lado a su compañero Mubarak para aplacar las protestas prodemocráticas de la Primavera Árabe, cumplirán el compromiso de dejar gobernar a los civiles.
Sin Parlamento ni una nueva Constitución que defina los poderes del Presidente, las elecciones del sábado y el domingo no resolverán tampoco el asunto, dejando a los 82 millones de egipcios, inversionistas extranjeros y aliados del país en Estados Unidos y Europa con inseguridad sobre el tipo de Estado en que se convertirá la nación árabe más poblada.
Para aquellos que prefirieron a los centristas laicos, los izquierdistas y los islamistas moderados que perdieron en la primera vuelta, los dos hombres que siguen en la carrera electoral suponen una elección de extremos con sabor desagradable.
Algunos de los 50 millones de votantes egipcios dijeron que preferían estropear sus papeletas antes que respaldar a Ahmed Shafiq, ex comandante de la fuerza aérea y último Primer Ministro de Mubarak, o a Mohamed Mursi, de 60 y que forma parte de los Hermanos, el enemigo en la clandestinidad de la dictadura militar durante seis décadas.
Los islamistas, que llegaron al poder tras una revuelta impulsada en sus inicios por la clase media urbana laica, desconocen su esto podría limitar la capacidad de Mursi para ampliar su atractivo más allá de las disciplinadas filas del partido.
Los Hermanos Musulmanes obtuvieron la mayoría parlamentaria en las elecciones que finalizaron en enero e inicialmente dijeron que no presentarían a un candidato presidencial, aunque cambiaron de opinión en el último minuto.
La decisión judicial que disolver el Parlamento podría ayudarlos a ganar algún simpatizante más.
Críticos denunciaron que el fallo sobre el Parlamento era un golpe de Estado y lo compararon con el inicio de la guerra civil argelina, cuando los militares anularon las elecciones que ganaron los islamistas hace 20 años.
Aunque los egipcios eligen a su líder por primera vez en una historia que se remonta a la época de los faraones, la euforia que acompañó al derrocamiento de Mubarak el 11 de febrero de 2011 ha dejado paso al agotamiento y a la frustración tras una transición desordenada y violenta supervisada por Generales del Ejército.

Los egipcios hicieron fila el sábado para elegir a su nuevo líder en las primeras elecciones presidenciales libres de su historia, enfrentándose a una difícil decisión entre los conservadores islamistas y un ex funcionario militar que fue Primer Ministro con el depuesto Hosni Mubarak.

En algunos centros de votación, que abrieron a las 8:00 horas, se formaron filas temprano en la primera de las dos jornadas que durará esta segunda fase de la elección. Los resultados podrían conocerse el domingo por la noche.

Todavía no son las nueve de la mañana y el calor ya es asfixiante en El Cairo. Omneya Amer, cubierta de sudor, hace cola para votar al menos malo de los candidatos en la segunda vuelta de la elección presidencial egipcia.

Vestida con un velo blanco y gris y los ojos cubiertos con unas gafas de sol, esta profesora de 42 años explica que dará su voto al candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, porque no soporta la idea de votar a Ahmad Shafiq, el último Primer Ministro del ex Presidente Hosni Mubarak.

"Votamos por Mursi porque no queremos votar por Shafiq", dice ella recogiéndose el sudor de la frente y mirando con frustración la larga fila de mujeres que esperan delante de ella.

"Todos votamos a Mursi por los mismos motivos; es el menos malo. No porque queramos a Mursi, sino porque odiamos a Shafiq. Quiere restaurar el viejo régimen podrido, y me opongo por completo", añade.

Cerca de ella, una mujer con una cruz al cuello dice: "No todos hacemos lo mismo. Para mí, Mursi y los Hermanos Musulmanes son los peores. Yo voto a Shafiq", explica la señora, quien prefirió no dar su nombre.

Tras esperar al sol frente a este colegio electoral reservado a las mujeres en el barrio de Manial, en El Cairo, todas se alivian al llegar al interior, en cuya pared luce la tapa de un diario del día siguiente a la caída de Hosni Mubarak en febrero de 2011.

En la fila, una monja avanza para depositar su papeleta en la urna tras haberla plegado cuidadosamente. Detrás de ella, una mujer con niqab levanta el velo que cubre su cara para que la jueza encargada de la oficina la identifique.

La jueza se ríe de una electora que se lo piensa dos veces antes de mojar su dedo en la tinta. 

"Usted ha esperado todo este tiempo al sol y ahora ese poquito de tinta le da miedo", le dice sonriente.

Una vez fuera, Nesrine al Abd, vestida con un pantalón de mezclilla apretado y grandes lentes de moda, reconoce que para ella fue un poco extraño votar en esta ocasión.

"Estoy un poco confusa en cuanto a los candidatos, pero tenemos que elegir, así que he optado por Mursi, porque siento que Shafiq ha aceptado todas las cosas que se hicieron antes de la revolución", explica.

"Nadie elige al candidato que le gusta; elegimos a aquel con el que podemos vivir. Para mí es Mursi, pero mis padres han votado a Shafiq. No lo quieren, pero tienen miedo de los Hermanos Musulmanes", añade.

Otra electora, Nancy Abdel Moneim, cuenta que tiene sentimientos encontrados. Mientras ajusta nerviosamente su velo, cuenta: "Estoy con la revolución, así que he votado a Mursi. Pero sinceramente me dan miedo los dos, así que he elegido al que menos miedo me da".

Aún recuperándose del fallo judicial que hace dos días disolvió el nuevo Parlamento dominado por los Hermanos Musulmanes, muchos se cuestionan si los militares que hace un año hicieron a un lado a su compañero Mubarak para aplacar las protestas prodemocráticas de la Primavera Árabe, cumplirán el compromiso de dejar gobernar a los civiles.

Sin Parlamento ni una nueva Constitución que defina los poderes del Presidente, las elecciones del sábado y el domingo no resolverán tampoco el asunto, dejando a los 82 millones de egipcios, inversionistas extranjeros y aliados del país en Estados Unidos y Europa con inseguridad sobre el tipo de Estado en que se convertirá la nación árabe más poblada.

Para aquellos que prefirieron a los centristas laicos, los izquierdistas y los islamistas moderados que perdieron en la primera vuelta, los dos hombres que siguen en la carrera electoral suponen una elección de extremos con sabor desagradable.

Algunos de los 50 millones de votantes egipcios dijeron que preferían estropear sus papeletas antes que respaldar a Ahmed Shafiq, ex comandante de la fuerza aérea y último Primer Ministro de Mubarak, o a Mohamed Mursi, de 60 y que forma parte de los Hermanos, el enemigo en la clandestinidad de la dictadura militar durante seis décadas.

Los islamistas, que llegaron al poder tras una revuelta impulsada en sus inicios por la clase media urbana laica, desconocen su esto podría limitar la capacidad de Mursi para ampliar su atractivo más allá de las disciplinadas filas del partido.

Los Hermanos Musulmanes obtuvieron la mayoría parlamentaria en las elecciones que finalizaron en enero e inicialmente dijeron que no presentarían a un candidato presidencial, aunque cambiaron de opinión en el último minuto.

La decisión judicial que disolver el Parlamento podría ayudarlos a ganar algún simpatizante más.

Críticos denunciaron que el fallo sobre el Parlamento era un golpe de Estado y lo compararon con el inicio de la guerra civil argelina, cuando los militares anularon las elecciones que ganaron los islamistas hace 20 años.

Aunque los egipcios eligen a su líder por primera vez en una historia que se remonta a la época de los faraones, la euforia que acompañó al derrocamiento de Mubarak el 11 de febrero de 2011 ha dejado paso al agotamiento y a la frustración tras una transición desordenada y violenta supervisada por Generales del Ejército.

 
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