‘Ellos crean la delincuencia organizada’
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Un caso dramático de prisión preventiva es el de Fernando Villegas, a quien la Policía Federal arrestó en Acapulco y lo confundió con un hijo de La Barbie
 
08 / 05 / 2011
‘Ellos crean la delincuencia organizada’

Un caso dramático de prisión preventiva es el de Fernando Villegas, a quien la Policía Federal arrestó en Acapulco y lo confundió con un hijo de La Barbie.

Fernando Ernesto Villegas Álvarez cumple hoy 283 días en prisión preventiva; 205 en el penal federal de Xalapa, Veracruz.

El ingeniero en sistemas computacionales, pasante del Instituto Politécnico Nacional, fue detenido por policías federales el pasado 29 de julio en una casa de Acapulco, al parecer propiedad de Édgar Valdés, La Barbie; fue llevado al puerto guerrerense a trabajar sin saber que terminaría instalando sistemas a narcotraficantes del grupo de los Beltrán Leyva.

Según publicó Enfoque el pasado 6 de febrero, los elementos policiacos que lo detuvieron le hicieron tocar una granada de fragmentación con los ojos cerrados para imputarlo.

Villegas cumplió 25 años el pasado 8 de abril, ya perdió varios kilos y está desesperado, aseguran sus padres.

El proceso judicial, como casi cualquier otro, va lento. Fernando llegó al penal el pasado 15 de octubre. Cinco días después, el 20, se abstuvo de hacer su declaración preparatoria ante las inconsistencias de las declaraciones de los agentes de la Policía Federal que lo detuvieron y pidió un careo con los federales con el apoyo de un polígrafo. Los policías, en ese entonces comisionados en Guerrero, fueron citados a finales de octubre. No asistieron, argumentando falta de recursos económicos para trasladarse a Veracruz. Fueron citados en marzo; tampoco llegaron. Han sido citados en junio, otra vez.

“Esperemos que ahora sí vengan. Del careo que tengan con mi hijo dependerá cómo le vaya a Fernando. Por sus ausencias el proceso de Fer está casi parado”, asegura su madre, Ángeles.

Ella y su esposo tienen conocimiento de que uno de los cuatro policías involucrados en el caso de su hijo ya ni siquiera trabaja en la Policía Federal, y eso les preocupa.

La vida en prisión

Desde que detuvieron a Fernando, a sus padres la vida se les ha ido en un ir y venir a Perote y a Acapulco. Ya hasta perdieron la cuenta de cuánto han gastado. Cada quince días, durante el día de visita, la familia se reúne en el penal. Los padres ven al hijo demacrado, desesperado. Gracias a esas cortas reuniones se han ido enterando de detalles de su vida en reclusión: que festejó el Año Nuevo con una Coca Cola de un litro que le dieron para cenar y que terminó tomándose a sorbitos durante tres días; que siguen siendo seis en la celda; que sólo él y otro de sus compañeros compran garrafones de agua, pues los demás no tienen dinero, y tienen que compartirla.

A Fernando también le ha dado por escribir. Diez cartas de él redactadas entre diciembre y enero fueron recibidas por sus padres en abril. En ellas relata su día a día. Un interno le enseñó a jugar ajedrez. Aunque nunca había leído, ahora devora cualquier libro que llega a la celda, lo mismo uno sobre Fernando del Paso que la Biblia o La divina comedia de Dante Alighieri. Está diseñando una armadura de Ironman que fabricará cuando salga. Ya terminó de escribir su declaración preparatoria y se está preparando para el careo con los federales.

“Tal vez se pregunten ¿por qué no suelto el cauce de mis lágrimas? Ésa otra pregunta es sencilla de responder, porque estoy harto de las mismas historias de las personas que viven en la misma estancia que yo, estoy harto de que me digan que ya tienen dos años encerrados y que no se agüitan, estoy harto de que me digan que no les importa estar encerrados aquí en x, y, z fecha, que no estaban con su familia en estas fechas navideñas, por eso no lo hago”, se lee en una carta fechada el 20 de diciembre de 2010.

“No hay depresión ni ganas de suicidio, eso nunca, sólo me siento como Dante pero sin Virgilio atravesando los círculos del infierno”, se lee en otra, del 21 de diciembre.

En los relatos Fernando también describe sus impresiones sobre los policías federales.

“Ellos crean la delincuencia organizada. Si no tienes nada que ver con algún cártel de droga -que dicho sea de paso sí existen pero no se dejan ver a la luz del sol o de la luna- ellos en sus muy famosas calentadas -o golpizas, toques, bolsazos, uso de tehuacanes, y otros métodos de tortura- te hacen miembro de alguno, te roban tus objetos personales, llámese cartera, celular, computadora, tarjetas de crédito, una que otra camioneta o auto, la misma ropa te la roban y te ponen sus uniformes mugrosos o zapatos de algún otro pobre diablo que se topó con ellos”, dice en un escrito fechado el 20 de noviembre.

Mientras, sus padres buscan hacerle llegar al defensor de oficio nuevas pruebas para la defensa de Fernando. “Nos dijeron que podrían ayudar los testimonios de sus compañeros de escuela, pero ya hemos sondeado a varios y no quieren, por miedo. Tenemos que pensar qué más podemos aportar”, dice su madre, afligida.


  Jésica Zermeño/Agencia Reforma

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