Más allá del gatillo

Seis horas después, la esperanza era arrebatada.

Antes de partir a Lomas Taurinas, Tijuana, aquel lamentable 23 de marzo de 1994, Luis Donaldo Colosio había tenido por la mañana actividad política en La Paz. En una reunión privada (hotel Palmira), el candidato presidencial priista había escuchado del director de Tribuna, David Rojo, realidades de Baja California Sur.

Tenía su sonrisa. Su franqueza, su compromiso y sus ganas por empezar ya a dar cuenta de sus acciones.

Un día antes, en Sinaloa, finalmente, había quedado atrás el espectro que se cernía sobre la campaña: Manuel Camacho Solís.

Se le sentía a gusto. A caso algo mal de la garganta, los cambios de clima, los calores. Y su permanente interés de escuchar y hablar. Y no soltar su palabra que alimentaba la esperanza para cambiar a ese México agraviado que veía.

 

No creo, como tantos otros, en lo del asesino solitario.

Han pasado 25 años del magnicidio. Y seguimos viendo a un México agraviado. Acaso, desbordado el hartazgo social hacia las urnas el reciente 1 de julio, que llevarían a la presidencia a Andrés Manuel López Obrador. Y a quienes fueran secretario de Colosio, Alfonso Durazo, a la secretaría de Seguridad y, al de Camacho, Marcelo Ebrard, a Relaciones Exteriores.

Hace 25 años, hablábamos con Colosio del Golfo de California, de lo que implicaría para Los Cabos el desarrollo económico y el riesgo de severos rezagos urbanos , de la urgencia de reserva territorial, del agua. Eran días en los que se podía dormir con las ventanas abiertas.

El sabía de la putrefacción oficial: había constado el agravio que se construyera la Unidad Habitacional Infonavit-Ricardo Flores Magón (San José del Cabo), en medio del desborde pluvial. Hasta que con las lluvias del 93, el desarrollo habitacional quedara completamente enterrado.

A los días sería designado candidato presidencial. En su lugar llegaría a la Secretaría de Desarrollo Social, Carlos Rojas. Nunca conocería la unidad habitacional en la que serían reubicadas las familias de Flores Magón, hoy el desarrollo habitacional lleva su nombre.

Tenía, Colosio, mucho conocimiento de ese México agraviado. Por el cual no callar y si comprometerse.

En la reunión privada del Hotel Palmira se preparaba para irse a Tijuana. Alentamos que no habría más centralismo, ni funcionarios con la toma de decisiones sin siquiera conocer el lugar por el que llegan a tomar decisiones.

 

Casi dos semanas antes, el 6 de marzo, Colosio, había advertido:

“Veo a un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales

“Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan”.

25 años después, después del trágico suceso de 1994, vemos a un México agraviado.

La corrupción y la impunidad, cobraron la factura del saqueo. El país se ensangrentó, nos impusieron el Fobaproa.

Veamos hacia el Golfo de California blanco de la devastación. Sólo quedarían diez vaquitas marinas en el Alto Golfo. Y en los litorales sudcalifornianos, ante las mas completa inactividad de Conapesca, chinchorros de kilómetro y medio de largo, en los que mueren toda clase de especies marinas.

En Los Cabos se construyeron los desarrollos habitacionales Chulavista y Puerto Nuevo en medio de arroyos. Puerto Nuevo, en el mismo arroyo que enterrara a la unidad habitacional Infonavit-Ricardo Flores Magón, y que conociera Colosio.

El agua no alcanza en Los Cabos. Se expande el negocio de las pipas, hasta con inspectores del Transporte a su servicio.

25 años después el agravio se agudizó. Miles de familias viven hoy en día en zona de riesgo.

Una y otra vez se ha traicionado la palabra presidencial, como la traicionó el propio Peña Nieto al comprometer, después del huracán “Odile” (2014) que serían reubicadas las familias que vivían en zonas “frágiles”.

Hace 25 años se alimentó la esperanza. Un cuarto siglo después el agravio desbordó. El saqueo de Pemex se hizo aún mas descarado. La impunidad acuñó la expresión presidencial del “no te preocupes”.

Hace 25 años nos quitaron la oportunidad de un mejor destino. Sin culpables, más allá del gatillo.

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