La flaca memoria

Harta. La gente está harta de los políticos, no quiere saber nada de aquello que huela a política y tiene en el peor concepto todos aquellos que se interesan en ella.

En términos generales, en todo el largo y ancho de nuestro país abundan las historias de impunidad de los políticos; también es cierto que hasta en el pueblo más pequeño se resienten los efectos de la tergiversación del poder.

Ahí tenemos el caso de Puerto Vallarta, donde durante por muchos años, los priistas se dedicaron a saborear las delicias del poder, sin importarles el progreso de su comunidad.

Acostumbrados a los malabares del trinquete, ni siquiera repararon en que debían pensar en algo llamado banquetas para los peatones o ciclovías para quienes optan por la opción de las bicicletas. Vaya, de una sensibilidad cero en su forma de gobernar, para que me entiendan.

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