La ciudad imaginada ¿Y si dejamos de crecer?

El motor de la economía mundial es el crecimiento, el consumo y la expansión de eso que llamamos civilización. Una aspiración presente en todas las sociedades es alcanzar un nivel de desarrollo que satisfaga las necesidades de cada población.

Da la impresión de que el ser humano tiene en su ADN una debilidad por acumular bienes para asegurar su existencia. Hay una parábola en la Biblia donde se menciona a un rico agricultor que manda derribar sus bodegas para ampliarlas, llenarlas y darse una vida relajada al final de sus días. El personaje muere sin haber podido gozar del fruto de su trabajo pero en esta narrativa ya se describe la práctica milenaria de confiar en las propiedades y asegurar posesiones materiales para la salvaguarda individual o colectiva.

Si echamos otra mirada a la historia, veremos que una fuerte motivación para la guerra era despojar de la riqueza a los pueblos dominados. Las civilizaciones conquistadoras como la romana o aztecas, luchaban contra otros para expandir sus dominios y extraer la renta para su beneficio.

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