La ciudad imaginada Retos para el 2019

“El instinto de imponerse es la característica más notable del ser humano” decía Gore Vidal citado por Frank Underwood en la serie de televisión “House of Cards”. Esta sentencia parece adquirir más resonancia en los tiempos que vivimos. De hecho, el sistema de crecimiento basado en la acumulación del capital económico en pocas manos auspiciado en la complicidad del Estado (neoliberalismo) tiene sus bases en esta premisa, que en términos coloquiales nos diría “quien tenga más saliva, que coma más pinole”.

Tarde o temprano esta tendencia se modificará porque no podremos sostener tanta injusticia y dolor. La enorme masa de excluidos y resentidos contra el sistema terminará por imponerse y ni la fuerza del Estado podrá contra la marea de indignados, como se ha notado en Francia con el movimiento de los “chalecos amarillos”. Algo similar sucede con los migrantes centroamericanos, que en el hartazgo contra sus condiciones de vida, caminan miles de kilómetros tras el sueño de alcanzar el “sueño americano”.

El principal reto para el año que comienza (y quizá de toda nuestra vida) es volver a la esencia de la humanidad, que consiste en trabajar con ahínco por alcanzar una prosperidad personal y colectiva. Y hay que subrayar el concepto “colectivo”, que tiene su base en la comunidad de la que formamos parte. Pero la lógica egoísta, impuesta con tanta eficacia por el sistema dominante, nos ha distraído del valor supremo que implica trabajar para todos. Por eso, la frase del presidente López Obrador que reza “por el bien de todos, primero los pobres” tiene una resonancia tan especial y está dotada de mucho pragmatismo y humanidad.

Sin embargo, no será fácil diluir la locura materialista de este mundo de consumo, ya que se fortalece el deseo de estrangular aún mas la convivencia social mediante la captura personal de la riqueza. Basta ver las conductas de los empresarios voraces o de funcionarios públicos, concentrados en aprovechar su posición para enriquecerse escandalosamente, en vez de dedicar su talento y energía al bien común. Es tan perverso el sistema dominante, que transforma el corazón de personas que fueron bien intencionadas pero que al sentarse en la silla del poder, sucumbieron a las seducciones momentáneas de ejercerlo. Esto lo hemos visto en políticos de todos los espectros partidistas, no es exclusivo de alguno sino que es una forma de pensar y actuar enraizada por centurias.

Para acceder a una prosperidad colectiva es básica la unidad, entendida como la suma de fuerza sociales para alcanzar objetivos comunes. Pero la pobre educación política nos ha llevado al encono y la división como medio cotidiano para la descalificación y el enfrentamiento. Muchas veces hemos dejado pasar la oportunidad de construir una base social desde la confianza y el apoyo solidario, lo cual implica ejercitar la tolerancia, el diálogo y el respeto. Si hubiésemos sido capaces de acumular el talento de tantos mexicanos valiosos, nuestra situación sería mejor a la actual.

Tampoco estamos acostumbrados a participar cívicamente y ejercer una crítica con fundamentos, y menos a debatir sobre los caminos para acercarnos al desarrollo. Los políticos en turno son tan miedosos y mezquinos, que lejos de ejercer la auto-crítica, enfocan el aparato del Estado para acallar a las voces que, con argumentos, muestran otro camino posible.

En la esfera urbana presenciamos una orfandad de lideres competentes imponiéndose la incapacidad para establecer nuevas formas de ordenar el territorio, predominando una visión mercantilista y desarrollista de la realidad. Para los gestores urbanos de Puerto Vallarta, el territorio debe ser el escenario para el crecimiento ilimitado, suponiendo que “más” turistas traerán mayor prosperidad o que la “modernidad” es inevitable. Pero la experiencia propia y ajena muestra que no se trata de cantidad sino de calidad en la experiencia recreativa de quien nos visita.

Pocas voces se han manifestado en torno a reducir la pobreza y desigualdad socio-espacial en las colonias vallartenses y la autoridad tampoco tiene políticas de compensación ante los desajustes generados por la especulación inmobiliaria en la franja turística ni se dispone de mecanismos para equilibrar las cargas y beneficios generados por la urbanización. Y de los gremios de profesionales no podemos esperar mucho, anquilosados en disputas y visiones personales de corto plazo.

Promover la unidad entraña ejercitar valores y desarrollar capacidades para impulsar las transformaciones y ajustes que merecemos como ciudadanos, teniendo metas colectivas orientadas a la sustentabilidad económica, social y ambiental.

El año que comienza es una excusa perfecta para renovar la esperanza de que se puede transitar por otro camino, por sendas de solidaridad, innovación y compromiso comunitario. Desde este espacio seguiremos sugiriendo alternativas y alentando el debate de los asuntos públicos. Ojalá que la mezquindad y escasa visión de la realidad sea superada por la unidad, el trabajo y la participación social. Feliz y próspero año 2019…!

 

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