La ciudad imaginada Arquitecturas mudas (o fallidas)

Hace algunos años la fotógrafa Mariana Yampolsky publicó “La casa que canta”, uno de los libros más bonitos que yo haya visto jamás. En esas páginas se mostraban joyas de la arquitectura popular mexicana, realizadas por manos y mentes humildes, campesinas y sin “educación” formal pero que eran un maravilloso ejemplo de sabiduría constructiva.

El arte de construir bien y con elementos sencillos fue una práctica constante en nuestro México y se dio en ambientes urbanos y campiranos. Un ejemplo es San Sebastián del Oeste, localizado en la Sierra Occidental de Jalisco que fue modelado por sus habitantes con una estética refinada y eficiente adecuación natural. No hay falsas posturas ni deseos de impresionar a nadie, cada vivienda establece un diálogo con su entorno generando una potente identidad local.

Parte de la magia de San Sebastián del Oeste ha sido transmitida y conservada hasta nuestros días a pesar de ser un popular destino turístico, gracias a su aislamiento. Pero si su accesibilidad fuera más sencilla o cercana, el poblado seguramente se habría transformado en algo que ahora sería irreconocible.

Algo similar sucedió en Puerto Vallarta a principios del siglo XX, cuyos residentes heredaron los valores constructivos serranos construyendo una población hermosa, adecuada al contexto y que expresaba los valores sociales existentes. Esta expresión fue la base de la imagen de “pueblito tradicional” que tanto gustó a los primeros turistas que nos visitaron a partir de 1950. La conformación de una identidad arquitectónica propia y singular fue resultado de muchos esfuerzos comunitarios que ayudaron a la mercadotecnia turística.

Pero da la impresión de que no supimos valorar estos valores y con la adopción del turismo masivo fuimos transformando paulatinamente la cara de Puerto Vallarta. La intensa mutación se dio poco a poco, con la velocidad de la hormiga pero que con el paso del tiempo nos entregó un paisaje que ya no reconocemos como propio. La escasa defensa del patrimonio se debió a la fuerte migración de quienes llegaron a la región a partir de la década de 1970 motivados por el ánimo de lucro y no de solidaridad comunitaria, careciendo de lazos o sentido de pertenencia con Puerto Vallarta.

Está documentado que el principal objetivo de la edificación del espacio turístico fue económico afectando al sistema natural, social y cultural. A pesar de que desde 1975 en el Plan General Urbano se establecía el deseo de no convertir a esta localidad en Acapulco, parece que no escuchamos la advertencia y seguimos al pie de la letra el manual para destruir una población con identidad y convertirla en una caricatura barata de lo que fue.

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