La ciudad imaginada. 150 sueños compartidos

 

Con la participación de hoy, La Ciudad Imaginada cumple 150 semanas en este espacio. El objetivo ha sido reflexionar sobre el proceso de urbanización mundial poniendo el acento en Puerto Vallarta y su región.

        En este periodo hemos observado que la ciudad se ha convertido en objeto de la especulación de empresas e individuos que lucran con los recursos territoriales en detrimento de la sociedad. Con ello, se ha venido diluyendo el objetivo social del suelo urbano que es albergar las necesidades humanas básicas como trabajar, habitar, recrearse y circular.

        La tendencia del aprovechamiento individual sobre los valores colectivos no es nueva y ha estado presente desde el surgimiento de la sociedad pero en fechas recientes adquiere matices renovados por dos factores. El primero, es el alejamiento del Estado y las instituciones en su papel de reguladoras y mediadoras entre los apetitos del capital y los bienes colectivos. El segundo, es el fortalecimiento de la globalización como el modelo económico imperante donde la única razón es asegurar la rentabilidad financiera de los entes participantes.

        Para promover el equilibrio entre cargas y beneficios en la ciudad, organismos multinacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han creado estrategias para reducir que la ciudad sea un sitio de conflicto, desigualdad y pobreza. La iniciativa más reciente fue la realización de Hábitat III, cumbre donde se signó la Nueva Agenda Urbana, documento que propone una ruta para desarrollar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la prosperidad urbana.

        Estos mecanismos han contado con el apoyo de gobiernos nacionales incluido el de México que a través de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) han estado muy activos en el debate sobre las nuevas políticas urbanas.

        Pero estas intenciones no aterrizan en la esfera local ya que los Ayuntamientos están secuestrados por la fuerza del capital inmobiliario que se impone sin reservas. En Puerto Vallarta, asistimos a la masiva edificación de ciertas zonas (como la Romántica) violentando los instrumentos de planeación urbana. Para ello, se ha manipulado la legislación urbana para “flexibilizar” la normatividad y facilitar grandes negocios inmobiliarios.

        Esto cuenta con la complicidad de colegios de profesionistas e individuos que lejos de promover el bien común en la ciudad, se benefician del apetito del mercado y la debilidad institucional para su provecho.

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