¿Empoderada yo?

Sandra Quiñones

El fin de semana pasado conviví con una mujer que conocía por referencias, llevaba tiempo siguiendo sus pasos en esta búsqueda de justicia; una mujer que la imagina de diversas maneras si tener en claro como es. La conocí y conviví con ella dos intensos días que compartimos junto a las familias de las victimas de feminicidio en el municipio.

En las largas charlas que entablamos, me quedo muy claro la complejidad que es ser mujer y lo íntimamente pegado que se encuentra nuestra existencia a la violencia machista; todo esto de la “mujer empoderada” no es más que mero referente par ano sentirnos tan vulnerables, es como si el sabernos victimas completas durante toda la vida nos agotara mas de lo que somos capaces de admitir y nos hemos vendido la idea de que gozamos de algo de “poder” en esta sociedad androcentrista.

Nace una mujer y su mundo se pinta de rosa, es como si el color pepto nos lo metieran para ir acostumbrándonos a eso de los corajes, malos ratos, entuertos y decepciones. Si, ese mundo rosa de muñecas y trastecitos; de princesa y castillo hecho para que no desarrollemos nuestra capacidad de supervivencia; el mundo nos quiere vulnerables, sumisas, dependientes, nunca poderosas.

Nos hemos creído las mujeres que por votar, trabajar, estudiar, poder solicitar el divorcio, administrar nuestros bienes, viajar, vivir solas y todas esas acciones que cotidianamente hacemos, ya estamos “empoderadas”, sin embargo la realidad, la triste realidad, es que seguimos siendo seres sujetas a las voluntades masculinas.

En conjunto, nuestras sociedades están estructuradas por los varones, en toda su dimensión: política, social, educativa, judicial, económica, familiar… Seguimos sujetas a parámetros, leyes, normas, convencionalismos y expectativas propias para nosotras; algunas leyes han cambiado, si, pero no cambia la forma de impartir justicia y ahora no se nos juzga por lo que la ley dice, sino, por como vestimos, andamos, salimos o hacemos. Si, hoy podemos estudiar y alcanzar doctorados, solo que se nos exige hasta un 40% mas que a un hombre (sin contar el acoso y hostigamiento por parte de maestros y compañeros) y a la hora de incorporarnos a la fuerza laboral, nos pagan hasta un 28% menos y seguimos teniendo el sistema de cuidados de los pequeños y enfermos a nuestro cargo.

Hay quienes, oponiéndose a la lucha feminista esgrimen el argumento de que las mujeres ya tenemos el reconocimiento de los derechos (en papel, claro) y que todo lo que ahora pedimos, son exigencias descabelladas, fuera de toda lógica; sin embargo, esas mismas personas aceptan que seguimos sujetas a reglas y estándares de hombres: ya te titulas? Ejerciste tu derecho a la educación! Pero, la foto de tu titulo, y documentos profesionales, tienes que parecer hombre, así, puedo minimizar tu derecho. Quieres ser madre después de la universidad? Es tu derecho a elegir la maternidad cuando lo desees, PERO no esperes obtener un buen puesto siendo madre! Así sujeto tu rol femenino a lo esperado por la sociedad.

Cuando la Señora Irinea se dio cuenta de yo, una mujer de casi 50 años, divorciada; con dos carreras y un chorro de estudios incluyendo temas de derechos humanos y género; feminista y defensora de los derechos de las mujeres, había llegado a la conclusión de que eso del empoderamiento era una feliz falacia, puso su mano en la mía y con una dulcísima sonrisa, me miro con esos ojos pequeños y profundos y me apretó la mano; si, esa pequeña complicidad que nos queda a las mujeres que andamos este difícil caminos de defender y exigir derechos, donde con ese sutil gesto, sin mediar palabra, se dice todo lo que ninguna mujer quiere escuchar: el trabajo por nuestros derechos sigue cuesta arriba y el camino continua, sin saltar lo logrado y tejiendo entre activismo y presiones lo faltante.

Si, puedo ser una mujer sin poder, y mientras tenga voz, seguiré pidiendo lo mismo que la Señora Irinea Buendía y muchas mujeres más en todo el país: Justicia y Justicia. Esperando que algún día, las mujeres no tengan que venderse la idea de que están empoderadas.

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