Editorial Transporte Público

El transporte público en Puerto Vallarta (y, quizás, en casi todo el país), es el talón de Aquiles. Es un servicio malo, deficiente, caro y en muchas ocasiones con rutas que no satisfacen a los miles de usuarios.
Como un ejemplo, en Puerto Vallarta prácticamente el 95% de las rutas de Puerto Vallarta tienen como punto de llegada el estacionamiento Lázaro Cárdenas; de igual manera, la mayoría de los camiones circulan principalmente por dos avenidas: Francisco Villa y Francisco Medina Ascencio. Son contadas las rutas que se salen de esos dos parámetros. Es difícil que en otro municipio del país se concentre tantas rutas en tan pocas callen y en un solo punto de llegada.
Imagínese si en Guadalajara todas las rutas tuvieran un solo punto de encuentro. Sería el caos, como lo es en Puerto Vallarta, principalmente en horas poco, donde los congestionamientos viales son ya cosas comunes en nuestra ciudad, especialmente en la Francisco Villa, donde llegan a circular las rutas: Bobadilla; Bobadilla-Banus; Villa de Guadalupe; Guadalupe Victoria; Bobadilla-Villa Las Flores; San Esteban; Infonavit. ¡Siete rutas en el tramo Libramiento-Crucero del Infonavit!
El que se estén sentando las bases para el reordenamiento del servicio público en Puerto Vallarta es algo que hay que aplaudir. Es necesario un cambio radical en este servicio, desde sus rutas hasta sus unidades, que aunque se ha visto mejora en algunas de ellas, la mayoría están en pésimo estado.
Como una alternativa viable para el combate a la alta contaminación atmosférica que padece ya nuestra ciudad, está la optimización del transporte público en general. Así como los tremendos embotellamientos vehiculares, sobre todo en las horas pico, los cuales son incuestionablemente una tremenda agudización de la contaminación por la quema indiscriminada del combustible en tanto los vehículos están a la espera de poder continuar su camino una vez despejado el trayecto.
En la actualidad, el mismo transporte público es un problema que incide en la problemática de la contaminación atmosférica, no sólo por lo mal organizado del mismo, sino por la falta de estímulos a los llamados concesionarios para la renovación del parque vehicular, en función a lo prohibitivo, tanto de los precios de las nuevas unidades, así como de los insumos para hacer funcionales las unidades mismas.
Es de esperarse que se sienten las bases para un mejor servicio del transporte público en el municipio.

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