Editorial La barbarie

 

Cualquier muerte duele, pero la muerte de unos estudiantes que su único delito fue filmar en un lugar donde fueron confundidos con pertenecer a una banda rival lacera, indigna, duele.

No se explica la brutalidad con la que actuaron los delincuentes y cegaron la vida de tres estudiantes. Los detuvieron, los torturaron, los mataron y después los disolvieron en ácido sulfúrico.

Tal saña, tal barbarie no tiene explicación, no tiene ninguna lógica y no puede ser tolerada. La ciudadanía está harta, alza la voz y exige paz, exige regresa la paz robada que ha enlutado a miles y miles de familias a lo largo y ancho del país.

Ya son casi dos sexenios de la guerra contra el narcotráfico que ha cobrado la vida a más de doscientos mil mexicanos. Las cifras son escalofriantes, apenas comparadas con las víctimas que sufren países con conflictos bélicos.

En casi diez años, Estados Unidos perdió 58 mil soldados en la guerra de Vietnam, México casi cuadruplica la cantidad de muertos en once años, sin estar oficialmente involucrado en un conflicto bélico. Dichos números reflejan la cruda realidad que vive nuestro país.

Salomón; Jesús Daniel y Marco fueron brutalmente torturados, al ser confundidos con un grupo rival, por el simple hecho de haber filmado en una casa del grupo rival (lo cual obviamente desconocían).

La indignación es por más justificable. No puede permitirse este tipo de acciones.

Es necesario un ¡basta!, es obligado exigir a la autoridad que regresa la paz robada, la paz secuestrada en el estado y en el país.

No es suficiente que las autoridades se “solidaricen” con los familiares y amigos de las víctimas, es necesario que actúe y garantice la seguridad a la ciudadanía.

Ya lo dijo alguna vez el empresario Alejandro Marti, “si no pueden, renuncien”.

Jalisco está de luto. El país lo debe de estar.

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