Editorial / Freno a la violencia intrafamiliar

Realmente es alarmante, que entre 30 y 40 mujeres acudan diariamente al Instituto Municipal de la Mujer, para denunciar algún tipo de abuso de parte de su pareja sentimental.

Esos números no pueden permitirse ya que se está hablando de entre 30 o 40 familias que sufren violencia intrafamiliar, misma que afecta a toda la familia, tanto a los adultos como a los menores, estos últimos en su mayoría testigos de acciones violentas dirigidas, principalmente, a las mujeres.

Se ha definido la violencia intrafamiliar como el conjunto de actitudes y conductas de un miembro de la familia que por acción u omisión causan daño físico y/o sicológico a otros integrantes del grupo familiar, impidiendo o dificultando su desarrollo armónico y su promoción social en todos los campos.

En la génesis de este problema juegan un papel primordial las difíciles condiciones sociales que afronta un porcentaje importante de la población generadas por la inequidad, la exclusión social y política, la impunidad y la corrupción. Todo lo anterior genera la acumulación creciente de frustraciones, tensiones y ansiedades que constituyen un excelente caldo de cultivo para la aparición de comportamientos violentos y agresivos en el seno mismo de la familia, donde los que afrontan condiciones de discriminación ya sea por edad (niños y ancianos), sexo (como en el caso de la mujer) o dependencia socioeconómica, son los que llevan la peor parte.

Se tiene que poner un alto. Las autoridades deben tomar el tema muy en serio y crear programas para el apoyo a las víctimas, además de intervenir para cortar de tajo la violencia o, en su defecto, dar los primeros pasos para castigar a los abusadores, que actualmente la mayoría se encuentra libre, dado que la víctima pocas veces tiene el valor de denunciar este abuso.

Si bien la utilización de la fuerza física representa un tipo muy común de maltrato intrafamiliar, existen también otras modalidades de tipo sicológico, sexual y social en el cual se incluyen la negligencia y el abandono. Son frecuentes también al interior de la familia comportamientos violentos de tipo sutil que si bien no causan daño físico, laceran de manera importante la autoestima de quienes lo padecen.

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