Como Enyerbados

“Las grandes naciones escriben sus autobiografías en tres manuscritos: el libro de los hechos, el libro de las palabras y el libro del arte”.

— John Ruskin.

 

Rusia es enorme, gigantesca, absolutamente colosal. No sólo su inmenso territorio, que se extiende a lo largo de 11 husos horarios y que, aún después de desmembrarse la URSS y perder 14 repúblicas, quedó en 17 millones de kilómetros cuadrados (EU: 10 millones; México, 2 millones) también su cultura milenaria, su gente descollante. Rusia es tierra de grandes músicos (¿a quién no le enchinan la piel los primeros acordes del Concierto No. 1 para Piano y Orquesta de Tchaikovsky, que coincidentemente fue tocado ayer en la ceremonia de inauguración?); es también tierra de grandes, muy grandes escritores; Gogol,Gorky, Pasternak, Chejov… por decir algo, indiscutiblemente son de grandes ligas, pero Tolstoi y Dostoyevsky, esos sí son de Clase Mundial. (Tolstoi es muy conocido por su monumental obra llamada La Guerra y la Paz, tan vasta que cuando se llevó al cine la película duró siete horas; pero en lo personal prefiero Ana Karenina. Y de Dostoyevsky qué se puede decir, tiene en su haber un panteón de personajes entrañables; el mundo no es el mismo después de leer Crimen y Castigo y conocer a Raskolnikov). Rusia es tierra de cerebrales ajedrecistas, como GariKasparov, o antes, Boris Spaski (aquellos agarrones que se daba con el neurótico y genial Bobby Fisher, de EU, eran épicos). Tierra de brillantes revolucionarios, como Lenin, o de geniales estadistas, como Mijail Gorbachov, y ya entrados en gastos, hasta de sanguinarios dictadores, como Stalin y disidentes célebres, como Solyenitzin:a través de su gente Rusia nos demuestra también su enorme corazón.

Fue Rusia (bueno, la URSS) el primer país que puso un hombre en órbita y en Rusia se encuentra una de las ciudades más hermosas del mundo: San Petersburgo. Y bueno, la tierra del frío será el centro de atención mundial desde hoy hasta el 15 de julio, casi medio mes después de concluido nuestro proceso electoral. Se supone que para la fecha de la gran final del futbol, los mexicanos ya sabremos quién será nuestro próximo presidente, lo cual es muy positivo, pues de seguir otro mes más de polarización por las campañas, acabaríamos haciendo garras este país, más de lo que lo ha hecho el sexenio peñista. Por lo pronto la selección rusa ya le dio la primer alegría a su gente, demoliendo 5-0 a una endeble Arabia Saudita… Y hablando de Peña, tiene razón el inefable personaje cuando afirma que lo único que logrará unir a los mexicanos, por lo menos temporalmente, será el apoyo al equipo nacional. La conclusión es buena: lo que la política separa, el deporte lo une.

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