Bailando la danza del cinismo

Todavía no se entiende como los reporesentantes populares se hacen mensos con el aprobar y no, las llamadas leyes anticorrupción, cuando en realidad bastara con que se apliquen las leyes actuales, que no hubiera malos ejemplos desde el ejercicio del poder, para que la Nación entrara en un nuevo sendero de certeza y legalidad.
El que roba, pues roba. ¿Cuáles leyes anticorrupción?
Pero los miles de millones de pesos que quedan en reportes irregulares del presupuesto público, sólo quedan en estadística de manejos oscuros y del cinismo político.
Si hay leyes con las que proceder contra el que roba, bastaría que se aplicaran. Y no estar dependiendo de mas mensadas desde el seno de la representación popular:
Nos dan un país de leyes e instituciones. Pero también se hacen de la vista gorda para que estas leyes e instituciones sean carcomidas por la corrupción e impunidad.
Y cuando llega la esperanza de tiempos nuevos que se podrían forjar en las urnas, como hay acontece en una docena de estados, los partidos políticos se suman al circo y lodazales para que se siga con la misma porquería.
Hasta se llega al burdo de clonarse fotos para hacer aparacer a un candidato en caminoneta de supuestos narcos.
Que ojetes hacerle perder el tiempo a la sociedad con supuestas leyes anticorrupción, cuando ya hay leyes para proceder en contra de quien delinque.
Que lamentable por igual que la Secretaría de la Función Pública sólo sea un remedo de buenas intenciones.
Todo lo que cuestan estas instituciones y tanta pobreza que exhiben.
Hay gente que no tiene para comer, millones, y nos sobran burócratas e instituciones que están como a quel jugador de beisbol que ni picha, ni cacha ni deja batear. Inservibles.
De qué le sirven al país, por igual ex presidentes como Felipe Calderón quien sin ningún rubor se pasea en mítines políticos, pero con el cargo a empobrecidos contribuyentes.
No se necesitan leyes anticorrupción para mejorar a este país, sino dignidad y tamaños.
Ayer, el mismo Consejo Coordinador Empresarial (CCE) alertó que la inseguridad y corrupción son los principales problemas que enfrenta el país y son mayores que los desafíos económicos.
Al dar a conocer su mensaje semanal, citado en un reporte de Apro, acreditado a Juan Carlos Cruz Vargas, la cúpula empresarial señaló que “ahí es donde hay que buscar las causas del malestar que prevalece en amplios sectores, que opacan, recurrente y justificadamente, todo tipo de avances en otras áreas”.
A los ojos de los ciudadanos –comentó– la delincuencia, la corrupción y la impunidad son los mayores obstáculos que enfrenta el desarrollo del país.
En los índices y rankings internacionales, alertó el CCE, los factores más problemáticos para hacer negocios son, consistentemente, corrupción, ineficiencia burocrática y crimen. La vulnerabilidad de la competitividad reside en las instituciones del Estado de Derecho: estamos entre los países con peor evaluación en el mundo en desviación de fondos públicos o fiabilidad de las policías.
El CCE fue más allá. Dijo que un México más justo, debe contemplar necesariamente un nuevo pacto social de respeto a la legalidad y un alto a la impunidad y la corrupción, con el compromiso indeclinable de todas las instituciones del Estado, de los partidos políticos, los ciudadanos y también los empresarios.
Aparte, el hartazgo social ya está cobrando hechos trágicos como los linchamientos o los enfrentamientos.
En efecto, siempre le han impuesto a la sociedad Pactos Económicos el mas apretar del cinturón o la reciente Mesa del Pacto con todo y sus reformas. Pero no hay un pacto de cómo desde el poder se debe de mirar hacia adentro, precisamente, para desde sus entrañas encarar la corrupción, la simulación y la impunidad.
Que se sigan entreteniendo en su circo y lodazal de las leyes anticorrupción, ¿quién les cree que las cosas cambiarán? Sólo se tendrán mas leyes, como tantas, como la del Trabajo cuya premisa del salario mínimo y para lo que debería de servir sólo da en realidad para el papel. El pronunciamiento constitucionalista se dio para que salario mínimo sirviera para vivienda, alimentación, educación, recreación, vestido. Pero muchas cosas han quedado en el camino, entre deslealtades y cinismos sin que aún se valore lo que significó la Revolución de 1910.

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